miércoles, 30 de mayo de 2012

Capítulo 16

El corazón de Laura da un vuelco al oír su nombre.

- “Ah, sí, sí. ¿Qué tal te fue la entrevista?” pregunta con timidez.

- “<Bien, bien. Pero te llamaba por si te apetecía salir ésta noche a tomar algo, no sé…>

   Laura permanece en silencio, ahora no puede dejar de pensar en Andrés. Oye la respiración de Mario al otro lado del teléfono, no sabe qué hacer. Por un lado quiere quedar con él, es muy agradable, pero por otro lado, es muy precipitado, no sabe nada de él.

- “No sé, es un poco tarde” responde finalmente.

- "< Vaya, qué pena, me apetecía verte otra vez >;” - el corazón de Laura se agita otra vez ante las palabras de Mario. La verdad es que ella también quiere volverle a ver. Se siente cómoda cuando está con él, pero lo cierto es que no tiene ningún interés romántico en Mario. La encantaría que fueran amigos, pero nada más.

- “Ya, si estaría bien. Pero hoy es tarde ¿No crees?” - dice tratando de ser amable.

- “ < Sí, la verdad es que un poco tarde sí que es, pero no podía dormir y la verdad es que no tengo muchos amigos aquí >” - el hecho de que Mario no tenga muchos amigos la recuerda a ella misma y al estúpido Tuenti que cada día la recuerda que no ha cambiado su estado porque no ha hecho nada interesante.

   Empiezan a hablar y sin saber muy bien cómo son las tres de la madrugada. Sorprendidos por la hora ambos se despiden con un “hasta mañana”. Al colgar, una sonrisa tímida se dibuja en el rostro de Laura. Durante varios minutos se queda en el balcón apoyada contra el marco, soñando despierta. Se da cuenta entonces de que el cigarro que cogió sigue apagado en su mano, pero ya no tiene ganas y lo guarda.

   Gato la observa ovillado en el sofá y cuando ella lo mira se vuelve a acurrucar. Laura lo mira con dulzura y se acuerda de cuando lo vio por primera vez, aquella pelota de pelo vaga y arisca que huía de ella, de nuevo sonríe al recordar como Andrés hacía rabiar al pobre animal. “Andrés” susurra mientras una imagen de ambos se la viene la cabeza. Decide entonces encender el ordenador y ver si tiene algún mensaje de él, hace varios días que no hablan y realmente quiere saber de él.

   Hay momentos en los que le echa tanto de menos que hasta le duele. Aparte de las dos llamadas perdidas que tenía en la BlackBerry tiene dos e-mails de él. Lee el primero &lt;&lt; Lau, ¿Qué tal el día? Últimamente estás que no paras, nunca te pillo. Yo liado con el curro como siempre. Luego en el descanso te llamo. Un beso.&gt;&gt;. La frialdad del mensaje la molesta y pasa a leer el siguiente. &lt;&lt; Nena, estoy preocupado. Hace días que no hablamos y no sé nada de ti. ¿Ha pasado algo?.Quiero hablar contigo, te echo de menos.&gt;&gt;. El segundo mensaje la sorprende, hace tiempo que Andrés no la dice “te echo de menos”, de hecho, nunca lo dice. Que estuviera preocupado la resultaba igualmente sorprendente. Andrés no era de los que se preocupan, ni de los que se crean sus propias películas. Decide responderle con otro e-mail, pero no sabe muy bien qué decirle.

lunes, 28 de mayo de 2012

Capítulo 17

   Pasa varios minutos mirando fijamente la pantalla del ordenador intentando organizar sus ideas. Echa de menos a Andrés, pero al mismo tiempo está dolida con él. Quiere hablar con él, pero no tiene ganas de oírle diciéndola que no tiene nada que decirla. Finalmente empieza a escribir <<Hola Andrés! Es verdad que últimamente no paro, pero no te preocupes, todo va bien. Estoy buscando curro, ya te contaré. Un beso y cuídate.>> Satisfecha con el contenido del mensaje, le da a enviar y se va a la cama.

   Se levanta relativamente pronto con Gato acurrucado en sus pies, intenta levantarse sin despertarlo, pero en cuanto se mueve el animalito se remueve y salta de la cama maullando y caminando dirección a la cocina.

- Vives como un rey, colega - le dice Laura. Le pone el desayuno y se prepara un café. Decide volver a vestirse para salir a buscar trabajo, se prueba mil cosas hasta que da con la ropa adecuada, formal, pero juvenil y sexy. Se trata de encontrar trabajo y tiene claro la impresión que quiere causar.

   Cuando está a punto de salir por la puerta el teléfono suena. Es un número desconocido, dubitativa, contesta

- “Si”

- “<Buenos días, ¿Laura?>”

- “Sí, soy yo, ¿Con quién hablo?”

- “<La llamo del hotel Venecia, estuvo ayer haciendo una entrevista>” - Laura contiene la respiración. Han llamado demasiado pronto, no puede ser nada bueno. - “< Verá>” - prosigue la voz al otro lado del teléfono - “< Nos gustaría hacerla una segunda entrevista, si sigue interesada en el puesto>” - Laura siente los latidos de su corazón en cada músculo, se produce un silencio. Está tan atónita, que no es capaz de articular una sola palabra.

- “Sí, si, me interesa” - responde al fin.

- "< Perfecto. ¿La viene bien pasado mañana a las 12.00 en la recepción del hotel? >” - Laura traga saliva

- “Sí…Allí estaré.”

- “< De acuerdo, la esperamos. Buenos días”>

- “Buenos días”

   Laura cuelga el teléfono y se queda inmóvil durante un buen rato. No sabe si hacer una segunda entrevista es bueno o malo, supone que bueno, pero esto no la había pasado nunca antes. En todas las entrevistas anteriores de su vida, si te cogen te llaman para decirte que día puedes empezar, y si no te cogen, directamente no te llaman.

   Necesita hablar con alguien, mira a su alrededor Gato ya está profundamente dormido en su hueco del sofá. “Lucía” piensa, inmediatamente marca su número, da tono, pero no hay respuesta. Lo intenta de nuevo pero el resultado el mismo. “Andrés” Le llama con la intención de contarle las novedades sobre su posible trabajo, pero para no variar el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en éste momento.

   Laura se queda pensativa unos instantes, necesita hablar de esto con alguien, porque para ella es nuevo y no sabe cómo debe interpretarlo. Aunque algo dentro de ella la dice que el puesto es casi suyo. Pero se siente insegura a la vez que alegre y necesita hablar con alguien, vuelve a intentarlo con Lucía, pero no hay manera. Coge un cigarrillo y sale al balcón, y cuando está a punto de encendérselo otra persona viene a su cabeza “Mario”.

jueves, 24 de mayo de 2012

Capítulo 18

Mario también estaba allí para hacer la entrevista y quizás a él también le hayan llamado. Marca su número y enseguida contestan

- <“¿Laura?”>

- “Sí, soy yo, no te habré despertado, ¿verdad?”

- <“No, no, tranquila, de hecho iba a salir a desayunar… ¿Has desayunado?”> Laura duda unos instantes

- “No, la verdad es que no” miente,

- <“Estupendo, entonces, ¿te apetece que quedemos para desayunar?”>

- “Suena genial” - responde Laura en un impulso.

- <“Bien, ¿conoces el café Melody?, dan unos desayunos bastante buenos y está en el centro, o ¿prefieres algún otro sitio?”>

- “No, no, el Melody está bien, allí nos vemos”

- <“Perfecto. ¿Cuánto tardas? ¿Quieres que pase a buscarte por algún lado?”>

- “No, no, tranquilo, tardaré media hora” - responde Laura mirando el reloj.

- <“Vale, aquí te espero.”>

- “Vale, pues hasta luego.”

- <“Hasta luego.”>.

   Laura se muerde el labio inferior, se siente como una adolescente tonta, vuelve a su habitación a mirarse en el espejo, su ropa ahora la parece demasiado formal y decide cambiarse de nuevo, va justa de tiempo, pero cogerá un taxi y listo. Va corriendo al baño a darse un toque de color en los ojos y los labios, se queda mirando a su reflejo fijamente y su Pepito Grillo interior la dice “¿Qué estás haciendo?”.

   Sacude esa idea de su cabeza, decide dejarle comida de sobra a Gato, por si el desayuno se alarga y sale por la puerta a toda velocidad, por el camino se autoconvence de que no está haciendo nada malo, pero una parte de sí misma se revela contra esa idea y un nudo empieza a formarse en su estómago.

   Cuando llega al Melody Mario ya está allí, la hace una seña y Laura se acerca con paso decidido. Se saludan con dos besos y el camarero acude inmediatamente con las cartas de desayuno. Laura sonríe coqueta y lanza miradas furtivas a Mario que no la quita el ojo de encima.

- Y ¿vienes aquí a menudo? - pregunta Laura intentando romper el hielo

- La verdad es que no diría tanto como a menudo, pero he venido un par de veces y el sitio me gusta, es tranquilo y el servicio es bueno. Y tú ¿Vienes aquí a menudo?

- ¿Estás de broma? - responde Laura riendo - Este sitio es carísimo, es como el monstruo del Lago Ness, todo el mundo sabe donde está, pero nadie lo ha visto

   Mario la mira perplejo y los dos estallan en sinceras carcajadas. La conversación prosigue en un tono divertido, con bromas y risas. Laura decide interrogar un poco a Mario, para saber un poco más de él y descubre que lleva poco tiempo en la ciudad

- ¿Y cómo es que dio por venirte aquí? - curiosea Laura

- Bueno, pues verás, mi padre tiene una empresa, y yo tuve que aprender a manejar el negocio familiar, pero me aburría. De modo que me dedicaba a la buena vida, pero entonces mi pareja me dejó, me hundí. Mi padre abrió aquí otro de sus negocios y me pareció una oportunidad estupenda para cambiar de vida. Y ya ves aquí estoy, aburriendo a mi nueva amiga con mi patética vida.

   Laura se queda atónita ante la respuesta concisa y sincera de Mario y decide contarle su historia con Andrés. Cuando ella termina Mario permanece en silencio, mirándola. Unas gotitas cristalinas asoman en los ojos de Laura, Mario la acaricia la mejilla secándole las lágrimas y dice

- Ése tío no sabe lo que tiene, no te merece.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Capítulo 19

   Laura pasa el resto del día con Mario. Él la hace sentir realmente bien. Cuando vuelve a casa es la hora de cenar y Gato la recibe con un maullido indignado.

- Perdona peluche, no pensé que fuera a tardar tanto. - Sigue al animal hasta la cocina y le pone un platito con la cena. No se ha vuelto a acordar de Andrés en todo el día y por primera vez en mucho tiempo se siente feliz de verdad. Ha encontrado una persona con la que puede hablar, que la escucha y la hace sentirse importante.

   Como flotando en una nube y aún sonriente se mete en la cama y se duerme. El sonido del teléfono la despierta temprano

- “¿Si?” - dice con la voz ronca de recién levantada

- <“Pensé que ibas a llamarme ayer”> - reprochó Lucía a su amiga.

- “Es que ayer estuve muy liada, pero tengo mucho que contarte ¿te pasas hoy por casa?” - responde Laura aún adormilada.

- <“Hoy tengo reuniones toda la mañana, y estaré liadísima toda la tarde, así que hoy lo veo difícil ¿te va bien mañana, o también estarás muy liada?”>

- “Lu, tía no te piques”

- <“No me pico, pero mañana me llamas, ¿va? Y ahora te cuelgo, que yo sí estoy liada, un beso”>

- “Un beso, nena”.

   Laura se queda despierta en la cama, mirando al techo y pensando en nada durante algo más de una hora. No la apetece mucho hacer nada, aunque finalmente se decide a salir de la cama y se arrastra perezosamente hasta la cocina. Gato la mira mientras se estira en el sofá y reclama sonoramente su desayuno. Laura mira al animal y le pone la comida con desgana.

   Se tira en el sofá y se enciende un cigarrillo. Se lo fuma con deleite, casi había olvidado el placer que la producía fumar tranquila y cómodamente en el sofá. Eso la lleva a pensar en Andrés. Hace varios días que no habla con él, y pese a que al principio, no saber nada de Andrés resultaba insoportable, con el paso de los días su dosis de Andrés se ha convertido en algo innecesario. Laura le sigue queriendo muchísimo, pero tiene la constante sensación de estar enamorada de un recuerdo.

   Gato la saca de sus pensamientos brincando sobre su regazo, pero al acariciar al animal Andrés vuelve a su mente, es extraño porque cada día que pasa sin hablar con él la sensación de echarle de menos se desvanece, aunque sigue sintiendo su ausencia. Estos pensamientos la hacen sentirse terriblemente culpable.

   En ese momento el teléfono suena, Laura teme que sea Andrés, pero es Mario. Descuelga y la voz de Mario suena

- <“ Hey, soy un terrible cocinero y había pensado en salir a comer… Y, bueno, no sé, he pensado que igual te apetecía venir conmigo…”>

   Laura permanece en silencio unos instantes, una parte de ella está deseando ir, pero la voz de su conciencia la dice que no debe.

- “No sé, Mario…”

- <“Ay, lo siento. Igual te parezco muy pesado, es que bueno, ya sabes que no conozco a nadie más aquí…”> - Hace una pausa - <“Entiendo que no te apetezca…”>

   Laura se siente mal ante las palabras de Mario, se acuerda de cómo se sintió ella cuando se fue Andrés y la casa se le caía encima. Además Mario es un encanto.

- “No, no, si no es eso… ¿Dónde quieres ir?”

lunes, 21 de mayo de 2012

Capítulo 20

   Tras colgar el teléfono Laura va a vestirse, ha quedado con Mario en dos horas y quiere estar lista, cuando se mira en el espejo se da cuenta de que ha elegido el vestido favorito de Andrés, él se lo compró unos años atrás durante unas vacaciones en la costa. Al recordar aquellas vacaciones una sonrisa aparece en su rostro. De repente se siente culpable, ni siquiera ha mirado el ordenador en todo el día.

   Conecta el ordenador y sale a fumarse un cigarro al balcón mientras Windows se inicia, ese estúpido ordenador lento la desespera. Cuando por fin entra en su correo electrónico tiene varios mensajes de Andrés. Lee el primero << Hola Laura, ya veo que no paras, a ver si sacas un rato y hablamos. Lo del trabajo me parece genial ¿de qué es?. Espero que te cojan. Un beso >> pasa al siguiente << Hola desaparecida! Sigo sin noticias tuyas ¿Sabes algo del trabajo? Dime cuando puedes conectarte y hablamos. Un beso >> el tercero dice << Hola nena, me he conectado para ver si te pillaba, pero veo que nada. Te noto rara, ¿Te pasa algo? Un beso >> “¿Que si me pasa algo? ¿Ahora te das cuenta?”piensa mientras suspira para si y lee el último << Tengo ganas de hablar contigo, Lau. Te quiero.>> Laura se plantea si contestarle o no, pero ciertamente no sabe que decirle así que pasea por la habitación intentando pensar una respuesta a los emails de su pareja.

   Se apoya contra la pared y se deja caer hasta el suelo, pensativa. Ella siempre pensó que Andrés sería el hombre de su vida, pero cada vez lo tiene menos claro. A los pocos meses de empezar la relación, Laura se imaginaba a sí misma caminando hacia el altar, había imaginado el día de su boda con Andrés miles de veces, incluso había pensado en el vestido que llevaría y en cómo serían sus hijos. En ocasiones se había mirado de perfil en el espejo imaginando que estaba embarazada. Eran muchas las ilusiones que se habían destruido en los últimos meses y ella culpaba a Andrés de todo eso, al fin y al cabo fue él quien cambio de actitud y decidió irse lejos.

   Por primera vez desde que Andrés se marchó se esta planteando el futuro de la relación pensando en sí misma. Esta vez ya no piensa en qué hará sin él, sino en qué está haciendo con él. Se acaba de dar cuenta de que era totalmente dependiente de él, de que su mundo entero giraba en torno a los planes de futuro de ambos, planes que casi con toda seguridad, no iban a cumplirse. Una vez más su mirada de inunda de lágrimas y se siente estúpida.

   Sentada en el suelo mirando a ningún sitio, con un vestido precioso, con una cita para comer con un semidesconocido y llorando por el recuerdo de un amor que casi da por perdido. Tras unos momentos de autocompasión y llanto se levanta, se mira en el espejo del baño, está horrible. Gato aparece en el baño y se acicala sentado en la taza mientras ella se lava la cara, le mira través del espejo y se ríe, definitivamente el animal y ella tienen una relación un tanto curiosa, le mira fijamente y le dice

- ¿Tú también tienes una cita?

domingo, 20 de mayo de 2012

Capítulo 21

   Laura sale de casa con prisas, sin contestar a Andrés, necesita aclarar sus ideas antes de tomar una decisión de la que pueda arrepentirse. Cuando llega al restaurante Mario ya está esperándola, está guapísimo. Al llegar a la mesa Mario se levanta

- Vaya, estás preciosa - Laura se sonroja

- Gracias, tú también estás muy guapo, siento haber llegado tarde, yo…

- No te preocupes - la interrumpe Mario - Lo bueno se hace esperar.

   De pronto Laura se siente incómoda. Durante la comida Mario se esfuerza por entablar una conversación con Laura, pero ella se limita a contestar con monosílabos sin apenas levantar la mirada del plato. Mario la cuenta que dejó a su padre tirado por irse a Londres con su pareja, y que allí las cosas se torcieron. Al principio todo iba genial, pero papá cortó el grifo y la relación se puso fea. Les tocó buscar trabajo, el inglés no era problema, pero Mario no estaba acostumbrado a trabajar sin privilegios, y los trabajos le duraban poco. Cuando el dinero se acabó, rompieron. Mario se sintió como una mierda, y ahora sólo quería alguien en quien confiar. Ha vuelto a trabajar con su padre y está pasando una especie de prueba. Laura escucha toda la historia en silencio.

   La historia de Mario no tiene nada que ver con la suya y sin embargo se siente identificada con él. Le toca la mano suavemente en señal de apoyo, y él responde besando las manos de Laura con dulzura. Ésta retira sus manos rápidamente y se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja, de repente todas las dudas han desaparecido, Mario es adorable, pero pese a todo ama a Andrés, aunque teme que la magia haya desaparecido para siempre, sin embargo siente la necesidad de aclarar las cosas.

- Mario, yo no quiero darte una impresión equivocada, eres genial y todo eso, pero como sabes tengo novio y… - Mario suelta una fuerte carcajada y añade

- Sí, ese novio fantástico tuyo, me acuerdo - Laura se enfurece y siente el calor subir hasta su rostro

- ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? - increpa.

- Laura, verás… me encantas, de verdad que sí, eres una chica lista, simpática y divertida. Pero creo que quien ha dado una impresión equivocada he sido yo… -  Laura lee entrelíneas que Mario no está interesada en ella y desea que el mundo se la trague. - Verás Laura… - continúa Mario - … me encantas, de verdad, y a veces te miro y me da una rabia ser tan gay…

sábado, 19 de mayo de 2012

Capítulo 22

   Ante la confesión de Mario, Laura no puede evitar reír. Se siente tonta habiendo pensado que Mario tenía algún interés en ella pero a la vez se siente más cómoda que nunca con él, le habla de sus miedos respecto a Andrés y Mario le repite que ese chico no la merece, por lo menos no ahora. Laura le cuenta también los nervios por la nueva entrevista del día siguiente, necesita el trabajo y teme no ser la persona que buscan.

- No te preocupes por el trabajo, es tuyo, lo sé - responde Mario intentando aplacar las inseguridades de su amiga. Ambos se despiden y Laura llama a Lucía para contarla todo lo sucedido.

- ¿Pero cómo que te has ido a comer con el chico de la entrevista? - la reprocha Lucía

- A ver, a ver, tranquila que es gay - se defiende Laura

- Bueno, me paso por tu casa a cenar y me cuentas con detalle - responde Lucía tremendamente aliviada.

  Ya en casa Laura atiende a Gato mientras piensa en las palabras de Mario. Se conecta al ordenador, ha llegado el momento de afrontar la realidad. Tiene que hablar con Andrés, las cosas no van bien, y no lo puede dejar pasar por más tiempo. Al abrir el correo tiene un mensaje de Andrés <<Nena, ¿te conectas hoy y hablamos? Dame un toque. Un beso.>> Laura intenta decidir si es mejor llamarle o mandarle un email. Sabe que la opción del email es más impersonal, pero hace varios días que no hablan y no sabe si será capaz de reunir las fuerzas necesarias para hablar con él directa y abiertamente.

   Finalmente opta por el email <<Hola Andrés, siento estar desconectada, lo cierto es que sí tenemos cosas de que hablar. Aún no sé nada del trabajo, mañana tengo una segunda entrevista en el hotel, pero ya te contaré. ¿Tú qué tal por Barcelona? ¿El trabajo bien? Espero que sin problema. Lo cierto es que creo que te he estado evitando. No me gustaría tener que hablar esto por teléfono, ni por mail, me gustaría poder hablar contigo cara a cara, pero obviamente es imposible. El caso es que ya llevo mucho tiempo notando cómo nos distanciamos y no sé. Tú siempre dices que no pasa nada, pero yo no me siento así. Para mí sí pasa. Siento que (aunque te suene cursi) se ha acabado la magia. Tú siempre dices que es algo temporal, que tarde o temprano volverás aquí o que yo encontraré un trabajo allí y me daré cuenta de que estoy exagerando las cosas. Bueno, pues lo he pensado mucho y no se me ocurre ninguna solución lógica a esto. Yo te quiero mucho, pero esto no funciona. Te echo muchísimo de menos, pero no puedo seguir pasándolo mal. Un beso. Laura.>>

jueves, 17 de mayo de 2012

Capítulo 23

   No han pasado ni cinco minutos desde que Laura ha enviado el email a Andrés y el teléfono ya está sonando, es él. Laura no contesta, no se siente preparada para afrontar una ruptura, sabe que si habla con él no podrá decirle adiós. Pasea por la casa intentando ignorar el sonido del teléfono que cada vez parece sonar más y más fuerte.

   Sale a fumar al balcón, entra fumando, acaricia al gato, se tira sobre la cama, se sienta al ordenador, se levanta, no quiere volver a mirarlo. Mira el reloj, Lucía llegaría de un momento a otro. El teléfono sigue sonando incesante y Laura vuelve al ordenador por si él hubiera mandado algún correo nuevo. Lo ha hecho, ha mandado tres.<< Cógeme el teléfono.>> <<Descuelga por favor, quiero hablar contigo.>> << Laura, te echo tanto de menos que me duele hasta el alma. Las cosas no son como tu piensas, no me alejo de ti porque no quiera hablar contigo. Pero es que hablar contigo me recuerda que estás lejos que no puedo besarte, que no puedo abrazarte, que no puedo tenerte. Laura te amo, por favor cógeme el teléfono, necesito hablar contigo. No nos hagas esto, por favor. Un beso. Te quiero. Andrés.>> Al leer el último email Laura se derrumba. En ese mismo instante, cuando las lágrimas están a punto de brotar suena el timbre. Por un segundo Laura piensa que es Andrés, pero entonces recuerda a Lucía, abre el portal y se acicala en el espejo, Lucía no puede verla así.

   No la apetece hablar del tema con Lucía, al fin y al cabo ella y Andrés también son amigos. Lucía entra por la puerta parloteando e interrogando a Laura sobre su “cita con el gay”.

- He tenido un día largísimo hoy, nena - comienza Lucía - me ha tocado aguantar un montón de pesados, he tenido que preparar dos reuniones, soltar una presentación larguísima que me llevaba preparando toda la semana para nada. A veces pienso que odio mi trabajo, pero luego cobro - guiña un ojo a su amiga y se ríe - Necesito una copa, ¿tienes algo por ahí? - dice mientras fisgonea en los armarios de la cocina. Laura siempre olvida lo alocada y divertida que es Lucía. Ella es la única capaz de animarla incluso en los peores momentos de bajón.

- Creo que tengo algo de ron y de tequila tostado por algún lado.- responde sonriendo

- Uy, mira y sin haberlo planeado te ha salido un pareado - contesta Lucía riendo

- Ajá, lo tengo - dice exhibiendo las botellas y agitándolas con picardía.

- Lu, yo no puedo desfasar ésta noche, mañana tengo la entrevista - comenta Laura mientras Lucía llena los vasos de ron.

- Vamos, una copa con tu amiga Lulú… - suplica Lucía con cara de cordero degollado mientras acerca un vaso a Laura, quien lo coge resignada y le da un sorbito.

- ¡Por cierto! - Exclama Lucía repentinamente - Nos he apuntado a clases de Tango, empezamos mañana y no admito un no.

   Laura acepta la propuesta de su amiga sin demasiadas ganas con el ánimo de evitar una larga negociación que acabaría inevitablemente con el mismo resultado. Pasan un rato charlando de esto y de aquello, del trabajo de Lucía, de la cita de Laura con Mario, de la entrevista, de las posibilidades que tendría un puesto de recepcionista en el hotel Venecia. Según Lucía, un trabajo de recepcionista no tiene por qué limitarse a coger el teléfono y reservar habitaciones, si se lo monta bien, pronto podría ascender.

   El hotel Venecia es uno de los mejores hoteles de la ciudad sino el mejor. Es una gran cadena hotelera, incluso tienen uno de los hoteles-casino más famosos de Las Vegas. Laura ríe ante la asombrosa capacidad de su amiga para montarse castillos en el aire, y la cantidad de datos que maneja sobre todo.

   Se hace tarde y las dos amigas se despiden, Laura se mete en la cama, está agotada, pero al mismo tiempo su cerebro no parece querer descansar, mil ideas y sentimientos la bombardean continuamente. Gato salta al la cama y se acurruca junto a ella

- Gato, tu siempre sabes qué hacer para que te lluevan mimos, ¿eh? - acariciando al felino se va olvidando de sus quebraderos de cabeza y va sumiéndose en un profundo sueño.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Capítulo 24

   Laura amanece aún somnolienta, Gato ya no está. Se queda unos minutos haciendo el vago en la cama y de pronto se acuerda “¡La entrevista!” Sale de la cama a toda velocidad y se mete en la ducha, necesita espabilarse. Las copas de la noche anterior han pasado factura. Se viste y se maquilla, sirve un platito de comida a Gato al tiempo que bebe un café frío de brick. Sale de casa apresuradamente y llama un taxi en la calle para ir al hotel, por unos instantes se siente como en una película americana.

   Al entrar en el hotel un hombre de uniforme se acerca a ella y tras preguntarla su nombre la acompaña hasta el lugar de la entrevista, allí la espera una mujer mayor con el pelo atado en un moño y una expresión amigable pero serena.

- Buenos días - comienza la mujer

- Buenos días - responde inmediatamente Laura con el corazón a mil por hora.

- Se preguntará por qué la hemos llamado para una segunda entrevista - continúa la mujer y sin dejar responder a Laura prosigue - Lo cierto es que el jefe tiene, y cito textualmente: "buenas vibraciones con usted". Nos gustaría hacerle una prueba de imagen cara el público, si me acompaña por favor le daremos un uniforme. -  Dice la mujer mientras camina hacia una puerta al fondo de la sala. Tras un paseo laberíntico por las entrañas del hotel sin cruzar una palabra, llegan a lo que parece ser el vestuario.

   La mujer mira de arriba abajo a Laura y selecciona las prendas que considera que se ajustarán a las medidas de Laura.

- La dejo para que se cambie, si necesita cualquier cosa estaré esperando fuera.

   Una vez sola, Laura comienza a vestirse intentando asimilar todo lo que la mujer le había dicho hasta el momento. El jefe tenía buenas vibraciones con ella, eso es bueno. Tiene que hacer una prueba cara el público y está resacosa, eso es malo. Se coloca el uniforme lo mejor que puede y sale en busca de la mujer del moño. Nada más abrir la puerta la mujer se aproxima a ella la examina meticulosamente y recoloca el uniforme hasta que lo considera perfecto y la hace una seña para que la siga mientras emprende de nuevo la marcha por los enrevesados pasillos del hotel.

   Una vez en la recepción la mujer le da unas cuantas indicaciones sobre el trabajo que se espera de ella, la deja detrás del mostrador de atención al cliente y se aleja un poco mientras evalúa cada uno de los movimientos que Laura realiza. Con los nervios a flor de piel Laura hace todo lo posible por impresionar a la mujer del moño que no la quita los ojos de encima ni un solo momento.

   Por suerte unos de los clientes que llegan al hotel son británicos y Laura ve la posibilidad de lucirse con su inglés. Una hora más tarde, Laura está más relajada y casi se siente en su salsa. Hizo la entrevista un poco a la desesperada, pero ahora resulta que la gusta. La mujer del moño se aproxima y comienza a hablar

- Bueno, creo que ya tenemos suficiente. Sígame, por favor. - “¿De qué va todo esto?” piensa Laura.

- Lo ha hecho usted muy bien, no tiene por qué preocuparse - se anticipa la mujer - Y hora por favor, pase - dice mientras abre una puerta lateral en el hall de la recepción - El jefe quiere hablar con usted en privado.

   La mujer cierra la puerta y deja a Laura en un despacho. El jefe está allí, de espaldas a ella. Cuando se gira, Laura casi se desmaya.

- Buenos días, Laura - dice el jefe. Laura no puede contener sus palabras

- ¿Qué es esto?¿Una broma?¿Una de esas cámaras ocultas de la tele?

martes, 15 de mayo de 2012

Capítulo 25

- ¡Es que no puede ser! - exclama Laura entre furiosa e incrédula.

- Debería habértelo dicho, pero no encontré el momento - afirma el jefe

- ¿Qué quieres decir, Mario?¿Qué es esto? - pregunta Laura sin salir de su asombro.

- ¿Recuerdas que te dije que vine aquí para trabajar en la empresa de mi padre? - Laura asiente sutilmente con la cabeza - Bien, pues ésta es la empresa de mi padre

   Laura siente el impulso de abofetearle, de salir corriendo de gritarle, pero en lugar de eso, se deja caer sobre una silla.

- El día de la entrevista sólo había venido a recoger unos papeles, pero te vi allí sentada sola y nerviosa y me acerqué para decirte que estuvieras tranquila.

- ¿Por qué no me lo habías dicho antes? - pregunta Laura dejando salir un hilo de voz

- Bueno, el día de la entrevista no pensé que fuéramos a entablar amistad, pero después de irte tú me quedé al resto de las entrevistas y todos me parecían peores candidatos que tú. Luego quedamos y me pareciste una persona de confianza, la clase de persona con la que me gustaría trabajar

- Vamos a ver si lo he entendido - interrumpe Laura - ¿Te acercaste a mí en la entrevista porque te daba pena, y después has quedado conmigo sólo para ver si era lo que andabas buscando para trabajar en la recepción del hotel de tu padre?

- No, no saques las cosas de quicio. Quedé contigo porque cómo te dije no conozco a nadie en la ciudad fuera de éste hotel y contigo me sentí cómodo desde el primer momento

- Ya, y ¿haces lo mismo con todos tus empleados? - resuelve Laura desafiante

- Laura, de verdad, siento muchísimo no habértelo dicho antes, pero no encontré un momento adecuado. Iba a decírtelo ayer, pero luego con lo de mi homosexualidad me pareció que ya no era el momento - Laura sonríe tímidamente al recordar el momento y añade

- Entonces, ¿el puesto es mío? - guiña un ojo a Mario que se ríe y contesta

- Claro que sí. De hecho tengo el contrato preparado por si quieres firmarlo ya.

- Me gustaría consultarlo con la almohada, todo esto es muy raro. Deja que lo piense ¿vale? - dice mientras se levanta y se dirige a la puerta

- Laura… - dice Mario imprimiendo en el tono de voz desaprobación y súplica. Pero Laura ya ha cerrado la puerta detrás de ella. Mario se queda pensativo en la oficina, realmente quiere que Laura trabaje con él.
Laura sale del hotel indignada y a la vez extrañamente contenta. Llama a Lucía, al tercer tono ésta descuelga

- <“¿Si?”>

- “¡No te vas a creer lo que me ha hecho el gay!” - con dicha exclamación empiezan cuarenta y cinco minutos de conversación telefónica que sirven para que Laura se desahogue completamente y Lucía se ría a pleno pulmón.

   Ya por la tarde, ambas amigas se encuentran para empezar las clases de tango y no pueden evitar estallar en carcajadas cuando el profesor de baile se presenta diciendo “Buenas tardes a todas, mi nombre es Ernesto, voy a enseñarles a bailar uno de los bailes más sensuales que conozco y para que no haya malentendidos quiero que todas ustedes sepan que soy gay”

domingo, 13 de mayo de 2012

Capítulo 26

   A la mañana siguiente el timbre del telefonillo despierta a Laura, que caminando medio sonámbula va a abrir. Es un paquete enviado por mensajería urgente Laura firma el albarán y vuelve a entrar en casa, deja el paquete sobre la mesa del salón y se vuelve a la cama.

   Está agotada, tiene agujetas por todo el cuerpo de la dichosa clase de tango y no tiene ganas de hacer nada. Nada más tumbarse decide que es un día de cama, o de manta y sofá, total fuera está diluviando y no la apetece salir. Con la posturita ya pillada los ojos de Laura se abren cómo platos “¿Qué será el dichoso paquete?¿Y de quién?” se pregunta una y otra vez. “Me da igual, seguro que es de Mario y paso de mirarlo. ¡Duérmete!” se repite a sí misma. Pero la curiosidad es más fuerte que ella y se levanta, Gato la persigue hambriento emitiendo cortos, continuos y sonoros maullidos.

   Laura coge el paquete y empieza a abrirlo mientras camina hacia la cocina, pone la comida al animal para que la deje en paz y sigue forcejeando con el estúpido paquete hasta que por fin se abre y de él se cae un libro. “Tanta historia para esto” piensa ella mientras recoge el libro del suelo, lo mira “Marina” lee para sí. Es un libro que nunca ha leído y no sabe quién se lo ha enviado, no hay remite. Lo abre por la primera página y reconoce la letra de Andrés << Sólo recordamos lo que nunca sucedió.>> Vuelve a cerrarlo. No la apetece leerlo, sus ojos se han vuelto a empañar y fuera está lloviendo.

   Apoyada contra el cristal de la puerta del balcón, mirando la calle no puede evitar desviar furtivamente sus ojos hacia el libro que ha dejado sobre la mesa. Lo vuelve a coger “Carlos Ruiz Zafón. Marina” da la vuelta al libro para leer la sinopsis, pero no está, en su lugar hay otra nota de Andrés <<No seas tramposa, mi amor>> Laura sonríe al ver éstas palabras. Andrés odiaba que Laura se leyera las sinopsis de los libros y juzgara si debía leerlos o no según el juicio de valor del autor de la sinopsis.

   Pone el móvil en silencio, hoy no quiere hablar con nadie. Se tumba en el sofá con el libro y comienza a leer. Varias páginas después Gato se acurruca a sus pies. El libro la hace gracia, la historia tiene lugar en Barcelona, sale un gato… No puede evitar sonreír cada vez que encuentra una similitud entre la narración y su propia vida, por pequeñísima que sea. Se sumerge en la lectura y cuando quiere darse cuenta son las cuatro de la tarde.

   No entiende por qué Andrés ha decidido mandarla ése libro, pero la gusta. Se levanta del sofá con los músculos casi atrofiados tras varias horas en la misma posición. Va a la cocina a prepararse algo y Gato aparece maullando y relamiéndose.

- Lo pillo, pitufo, dame un momento - el animal se tumba junto al comedero impaciente siguiendo atentamente cada movimiento de Laura y se abalanza sobre su platito antes de que llegue al suelo.

   Tras el tentempié decide volver a la lectura, pero al mirar el libro recuerda a Andrés. Ojalá las cosas hubieran sido distintas entre ellos, le ama, pero no está dispuesta a seguir sufriendo por él y esperando un cambio que con toda seguridad nunca tendría lugar. En realidad no quiere cambiar nada de él, sólo quiere al Andrés de antes, el chico detallista, romántico y cariñoso que la daba sorpresas tontas, pero ése chico había desaparecido y tenía que asumirlo.

   Mira el móvil, tiene varias llamadas perdidas de Lucía y de Mario. Decide llamarles a ambos, “Primero a Lucía. Mario que se joda y sufra un poco” pensó para sí.

- < “¿Si?” >

- “Nena, soy Laura. Perdona que no te lo haya cogido antes, estaba leyendo” - se disculpa Laura

- <“¿Leyendo? ¿Me estás vacilando?”>

- “No, es que verás, el otro día le mandé un email a Andrés diciéndole que no podía seguir así… y él me ha respondido mandándome una novela”
- <“Frena. ¿Has dejado a Andrés por email?”>

Laura piensa durante unos instantes, sabía que era una ruptura pero no había querido pensar en ello como tal

- “Sí, supongo que sí…”

- <“¿Por qué? No te entiendo.”>

- “Es… es complicado”

- <“¿Qué tal si me paso por tu casa dentro de un rato y tratas de explicármelo?”> - dicho esto Lucía cuelga. Laura se queda unos instantes mirando el teléfono y pensando en la ruptura “¿Realmente su historia con Andrés había acabado para siempre?”

   El teléfono vibra en sus manos, es Mario. “Éste chico tiene el don de la oportunidad”

- “Dime” - responde Laura tajante al descolgar

- <“Oh, vamos ¿Sigues enfadada?”

- “Puede. ¿Qué quieres?”

- < “Necesito que me digas algo del trabajo…”>

- “Mario, verás. Hoy no puedo tomar decisiones de esa índole. ¿Puedo decirte algo mañana?”

- <“Vale. Pero mañana sin falta quiero esa respuesta. ¿Te apetece quedar a tomar un café?”>

- “Hasta mañana, Mario” - dice mientras cuelga. Va a decir que sí, pero quiere hacerle sufrir un poco.

sábado, 12 de mayo de 2012

Capítulo 27

   Lucía llega a casa de Laura como un terremoto dispuesta a hacer un tercer grado a su amiga. Laura trata de explicar a Lucía que la situación con Andrés se había vuelto insostenible, que se habían distanciado. Pero Lucía tiene una habilidad especial para dar la vuelta a la tortilla. Cada vez que Laura saca una pega, Lucía saca una virtud y cada tres frases dice “Sí, pero todavía le quieres”.

   Cuando Lucía por fin se va Laura está hecha un lío, no sabe si la decisión que tomó fue la correcta. Echa muchísimo de menos a Andrés, y le quiere, además la ha enviado un libro y eso es romántico, es uno de esos detalles bonitos y tontos que ella echaba de menos, “En realidad” piensa para sí “No es un detalle tan tonto, está bastante currado”.

   Se tumba en la cama y sigue leyendo, pero tras unos minutos de lectura su mente se dispersa y el recuerdo de Andrés se hace más fuerte. Sin darse cuenta se dejar llevar por su fantasía pensando en él y cuando vuelve a la realidad se ruboriza pensando en lo que ha hecho. Cansada y avergonzada se sumerge en un profundo sueño.

   La vibración del teléfono móvil y el sonido de éste estrellándose contra el suelo la despiertan, aún adormilada contesta por inercia

- “¿Si?” -, su voz suena tan ronca que al otro lado del teléfono Mario duda si es ella

- <“¿Laura?”> - Ella reconoce la voz y prefiere seguir durmiendo

- “Estoy apagada o fuera de cobertura, por favor, inténtelo de nuevo más tarde” - Laura está a punto de colgar, satisfecha con su contestación pero Mario insiste

- <“Laura, necesito una contestación para lo del trabajo ya. Si a ti no te interesa tengo que seguir buscando.¿Qué has decidido?”> - La somnolencia de Laura se evapora al instante

- “Me interesa, me interesa. ¿Cuándo empiezo?” - Al otro lado de la línea se escucha un suspiro aliviado y Laura puede sentir la sonrisa de Mario

- <“¿Qué tal mañana?”>

- “Mañana, hecho.”

- <“Perfecto, pues a las 8.30 te espero en mi despacho.”>

- “Nos vemos, jefe.”

- <“Ah, y Laura…”>

- “¿Si?”

- <“No llegues tarde”> - Dicho esto. Mario cuelga y Laura se sonríe ante la afición de Mario de tener siempre la última palabra. Va a ser divertido trabajar con él.

   Tirada en la cama sonríe ante su nuevo futuro laboral, la mañana ha empezado genial. Se estira en la cama y Gato acude inmediatamente como para asegurarse de que no vuelve a dormirse, está claro: Gato quiere comer.
   Cuando está a punto de levantarse de la cama gira la cabeza y allí está el libro, de nuevo se sonroja al pensar la masturbación de la noche anterior pensando en Andrés. Una parte de ella se muere por verle. El día trascurre sin ninguna novedad, Lucía la llama para insistir sobre el tema de Andrés, Laura por su parte sigue con la lectura del libro y sin dejar de pensar en su nuevo trabajo y en Andrés.

jueves, 10 de mayo de 2012

Capítulo 28

   El tiempo pasa lento, parece como si las agujas del reloj estuvieran conspirando contra ella. Laura se siente impaciente por empezar en el nuevo trabajo, hasta se arrepiente de no haber aceptado antes. Trabajar mantendrá su mente ocupada y así no podrá pensar en Andrés ni los posibles porqués. Sólo quiere dormir, a este ritmo empezará en el hotel con aspecto de groupie trasnochada o peor.

   Durante todo el día no ha sabido nada de Andrés y no deja de darle vueltas a la dichosa ruptura, es cierto que le quiere, pero también es cierto que el amor no siempre es suficiente. Se plantea una y mil veces si debe seguir adelante con su decisión o si ambos merecen una segunda oportunidad, pero sabe que si lo tuviera enfrente todo sería diferente. En medio de una tempestad de pensamientos y sentimientos contradictorios, Laura se duerme.

   Se despierta acelerada, mira el reloj, se ha dormido “típico en mí” piensa, “pero si me doy prisa, llego” pasa por la casa como una exhalación con Gato interrumpiéndola constantemente, echa el resto de su leche en el comedero de Gato quien mira el líquido blanco con cara de pocos amigos. Laura corre por el pasillo mientras se pone los tacones “No llego, no llego, no llego” se repite angustiada. Sale de portal gritando “Taxi” y corriendo hacia la carretera mientras se coloca la ropa, varias personas se quedan mirándola. Laura examina la calle nerviosa buscando algún taxi libre, por fin uno para.

   Llega al hotel por los pelos y en la puerta la espera Mario

- Bienvenida, casi llegas tarde - saluda él con sorna

- No dijiste no llegues casi tarde. Dijiste que no llegara tarde, y no lo he hecho, jefe. - Responde Laura fingiendo una mueca de seriedad mientras sube una ceja y reprime una sonrisa.

   Ambos se miran y se empiezan a reír

- Eres incorregible - afirma Mario - Anda, vamos para dentro, que te espera un día duro, y ahora no bromeo.

   Tras presentarla a un número de personas que a Laura le pareció infinito y explicarla sus funciones, horarios, pautas y normas, por fin empezó la jornada de trabajo propiamente dicha y Laura ya estaba exhausta. Pero el trabajo funciona mejor que ninguna medicina para sus males, desde que ha empezado el día no ha tenido más de un minuto libre para pensar en Andrés, sólo ha podido pensar en que el trabajo la encanta. A la hora de comer, ya ha entablado relación con algunas de sus compañeras y charla distendidamente con ellas, se siente feliz, no se puede decir que tenga nuevas amigas, pero sí que tiene unas compañeras, que, de momento, parecen estupendas, Laura se siente arropada por ellas, que incluso hacen un brindis en su honor.

   A diferencia del anterior, el día pasa volando, cuando se quiere dar cuenta es hora de irse a casa, justo antes de salir recibe un sms de Mario: <<Laura, tengo muchísimo lío hoy, así que no me esperes. Quiero detalles, paso luego por tu casa.>>. Sonríe al leerlo, Mario es tan dulce sin siquiera pretenderlo que a veces olvida que es gay.

   Cuando llega a casa Gato está furioso, Laura lo mira con lástima

- me había olvidado por completo de ti, mi amor - le dice con dulzura. Va a la cocina y le pone una latita, el animal lo mira con recelo y finalmente se lo come. Laura empieza a preparar algo para picar, al fin y al cabo el jefe va a venir a casa. Ante ese pensamiento suelta una carcajada que sobresalta al minino. Mientras termina una serie de canapés y picoteos, suena el timbre: Es Mario. Laura le pone las sobras a Gato y se dirige a abrir.
- ¿Qué tal la chica nueva? - pregunta Mario en cuanto Laura abre la puerta

- Sabes que bien - responde entre risas haciéndole pasar.
   La velada transcurre entre risas, copas y cotilleos, se lo pasan tan bien que se olvidan de la hora que es

- ¡Mierda! - exclama Laura repentinamente - No he llamado a Lucía, ¿qué hora es? - Mario mira el reloj y suelta una sonora risotada

- Llámala mañana, mejor - enseña el reloj a Laura que lo mira muy seriamente y le dice

- Ya te vale, voy a llegar destrozada al curro mañana, mi jefe me mata. - Ambos se miran, vuelven a reír y continúan como si nada. Bien entrada la madrugada deciden que lo mejor es que Mario se quede a dormir y vayan juntos a trabajar por la mañana. Laura, le ofrece su cama y le presta un pijama. Acostados uno junto al otro se miran. “Es tan guapo…” piensa Laura.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo 29

   Cuando suena el despertador y Laura abre los ojos y ve a Mario de espaldas a ella lo primero que piensa es “¡Mierda, pasó de verdad! La he cagado, la he cagado…” justo en ese momento Mario se da la vuelta

- Buenos días ¿Has dormido bien? Espero no haberte dado mucha guerra - Laura niega con la cabeza

- He dormido bien, no te preocupes - Mario parece satisfecho y cambia de tema

- Voy a darme una ducha ¿te importa? - Laura hace un gesto de aprobación y se queda mirándolo mientras se aleja. Sonríe. No puede creer que haya sido tan tonta como para pensar que entre ella y Mario había pasado algo, debió soñarlo y al despertar, aún parecía cierto. “Tengo que dejar de beber” piensa. Gato sube ágilmente a la cama recordándola que es hora de salir de entre las sábanas y darle de comer.

   Gato siempre parece feliz cuando come, de hecho, lo mira y tiene la sensación de que lo único que hace Gato durante todo el día es comer, dormir, acecharla y mendigar más comida.

- Debe ser estupendo ser un gato como tú - le dice al animal quien la mira relamiéndose, se levanta y se dirige a su hueco del sofá. Laura esboza una media sonrisa, no puede creer lo tierno que le parece el minino al que hace apenas unas semanas aborrecía con todas sus fuerzas. Pensar en eso la hace pensar en Andrés, y volver al pasado.

   Es el timbre del telefonillo el que la saca de sus ensoñaciones. Mira el reloj. Parece demasiado pronto para esperar visita, así que no abre, pero al cabo de unos minutos es el timbre de la puerta el que suena. Sorprendida camina hacia la entrada donde Gato la espera inquieto.

   Al abrir la puerta Laura siente como el corazón deja de latirle y toda la sangre se evapora durante un momento que parece eterno, allí de pie frente a ella está Andrés, su Andrés, parece más mayor y más cansado, pero es el mismo. Tras el shock inicial por fin recupera el aliento

- Qué…¿qué haces aquí? - logra articular aún atónita por la sorpresa.

- Necesitaba verte - responde él sonriendo con timidez.

   Laura no puede creerlo, ha soñado con este mismo momento cientos o miles de veces y ahora que está sucediendo, no sabe qué hacer, ni qué decir, ni siquiera sabe como sentirse. Le invita a pasar y le sigue hasta la cocina sin salir aún de su asombro.

- Iba a hacer café. ¿Quieres uno? - pregunta torpemente en un intento de romper el hielo

- Sería estupendo, gracias.- Mientras se hace el café es Andrés quien vuelve a hablar

- ¿No te alegras de verme? No sé, esperaba otra reacción, la verdad.

- Sí, si me alegro, pero es que no te esperaba en absoluto, es… es una sorpresa del todo inesperada y después de nuestra última charla, por llamarlo de alguna manera, más… no sé…

- Lo sé - la interrumpe Andrés - Pero no podía dejar que todo acabara así. Creo que nos merecemos más. ¿Tú no? - Laura le mira y mira al suelo, son demasiadas emociones contenidas y siente que el cerebro la va a estallar. - ¿Ya no me quieres, Laura? - al oír de nuevo su voz diciendo esas palabras Laura siente que algo por dentro se la rompe, pero se siente incapaz de decir nada.

- ¿Qué pasa? - es la voz de Mario la que rompe ahora el silencio. Laura abre los ojos como platos y levanta la mirada. Había olvidado por completo que Mario estaba en casa.

- ¿Quién es éste, Laura? - las palabras se atropellan en la boca de Andrés y su cara está desencajada. Mario, envuelto en una toalla, se queda petrificado en el sitio, con la incomodidad del que ha interrumpido algo y con los ojos de Andrés taladrándole con crudeza.

- Es Mario, mi jefe.

martes, 8 de mayo de 2012

Capítulo 30 - Desenlace

   Andrés está totalmente desconcertado incapaz de reaccionar sólo hace una pregunta tras otra, sin esperar respuestas con un tono de indignación e incredulidad. Finalmente respira hondo

- ¿Qué quiere decir esto? - pregunta mirando de uno a otro.

- Mario es un amigo, no es lo que piensas.- se defiende Laura.

   Se produce un silencio incómodo, demasiado largo, demasiado intenso. Andrés vuelve a hablar

- No tengo derecho a reprocharte nada, Laura, pero por favor, no me tomes por estúpido - suspira y sigue - Lo que está pasando está claro, sólo quiero saber si es lo que quieres, yo… yo… - Andrés siente como una furia inmensa vuelve a apoderarse de él - Es mejor que me vaya - Dicho esto Andrés se marcha, Laura y Mario oyen la puerta de la calle cerrarse con fuerza.

   Mario empieza a hablar

- ¿Estás bien? - pero no obtiene respuesta alguna, Laura permanece inmóvil con la mirada clavada en el hueco que antes llenaba Andrés - Laura, ¿Estás bien? - insiste él. Laura parpadea y le mira

- Se ha ido - dice mirando a Mario - Se ha ido sin más.- una lágrima recorre su mejilla hasta sus labios temblorosos. Mario corre a abrazarla y le susurra al oído

- Ve tras él - Laura se libera del abrazo y niega con la cabeza, una parte de ella quiere salir corriendo y alcanzarle y explicarle todo y volver a ser los de antes, pero otra parte de ella está muy dolida y prefiere no volverle a ver. Es Gato quien con un “Miau” y su carita peluda la arranca una sonrisa entre lágrimas y la hace decidir “Tengo que ir tras él”.

   Sale del portal en pijama, corriendo, fuera está lloviendo, mira hacia ambos lados pero no lo ve. “Tal vez sea demasiado tarde” piensa. Corre durante un par de calles sin suerte, y justo entonces lo reconoce, empapado, apoyado en la puerta de un coche con la mirada perdida en la lluvia.

- ¡Andrés! - grita, éste se levanta al oír la voz de Laura y acude a su encuentro. Se abrazan. Andrés intenta besarla, pero Laura se aparta.

- Tenemos mucho de que hablar - dice ella - ¿Vienes a casa?

   Cuando llegan a casa Mario ya se ha ido, ha dejado una nota: <<Tómate el día libre, si quieres. El jefe.>>. Se secan y empiezan a hablar. Laura empieza a hablar y le explica todo lo referente a Mario, no quiere ver sufrir a Andrés por un malentendido. Al principio Andrés se muestra reacio a creerla, pero poco a poco lo siente, lo ve y finalmente la cree. Laura necesita saber el porqué del cambio de Andrés, el porqué de la distancia y de la frialdad, las pocas explicaciones que él la ha dado no la bastan, le explica cómo se sentía ella, abandonada sin motivo, rechazada, incluso se atrevería a decir que se había sentido maltratada por su indiferencia.

   Quiere que Andrés entienda cuán sola había estado sin él y cuánto había sufrido por él. Andrés intenta explicarse sin mucho tino, y acaba explicando que era su modo de defenderse, que él estaba sufriendo tanto como ella y que su manera de soportarlo era alejarla, más allá de la distancia física. Dice que incluso llegó a creer que no la amaba, pero entonces ella cambió, y el se dio cuenta de pronto de que podía perderla para siempre y de que la quería igual que antes y quiso arreglar las cosas, pero ya era tarde.

   Laura le mira explicarse y le escucha atentamente, ya ha leído muchas de las palabras que él expresa en su intento de explicarse y, sin embargo, cada poco rato tienen que parar porque les inundan las lágrimas, o porque necesitan abrazarse. Cuando acaban de hablar, Laura se siente más fuerte y segura de sí misma que nunca, como si acabasen de quitarle de encima la losa de mármol de una lápida.

- Entonces ¿Lo intentamos de nuevo? - pregunta Andrés esperanzado.

   De nuevo el silencio se convierte en el protagonista de la jornada. Laura respira hondo y por fin habla

- Intentemos ser amigos, y a ver qué pasa

- Pero, yo no quiero ser tu amigo, Laura. Quiero ser tu chico, quiero ser tu Andrés y que seas mi Laura - responde él suplicante

- Ya. Pero yo no quiero ser de nadie, Andrés. Sólo quiero ser mi Laura

- Entonces ¿Es un hasta nunca? - pregunta él abatido

- Entonces es un nunca se sabe, Andrés - responde ella sonriente - Los dos lo hemos pasado mal, claro que te quiero y que me gustaría estar contigo y ahora sé que a ti también, pero para mí al menos, no es el momento de historias extrañas, aunque quizás mañana, o dentro de un tiempo, tengamos un día de esos en los que te das cuenta de que necesitas estar con la persona a la que amas.


----- FIN -----