martes, 15 de mayo de 2012

Capítulo 25

- ¡Es que no puede ser! - exclama Laura entre furiosa e incrédula.

- Debería habértelo dicho, pero no encontré el momento - afirma el jefe

- ¿Qué quieres decir, Mario?¿Qué es esto? - pregunta Laura sin salir de su asombro.

- ¿Recuerdas que te dije que vine aquí para trabajar en la empresa de mi padre? - Laura asiente sutilmente con la cabeza - Bien, pues ésta es la empresa de mi padre

   Laura siente el impulso de abofetearle, de salir corriendo de gritarle, pero en lugar de eso, se deja caer sobre una silla.

- El día de la entrevista sólo había venido a recoger unos papeles, pero te vi allí sentada sola y nerviosa y me acerqué para decirte que estuvieras tranquila.

- ¿Por qué no me lo habías dicho antes? - pregunta Laura dejando salir un hilo de voz

- Bueno, el día de la entrevista no pensé que fuéramos a entablar amistad, pero después de irte tú me quedé al resto de las entrevistas y todos me parecían peores candidatos que tú. Luego quedamos y me pareciste una persona de confianza, la clase de persona con la que me gustaría trabajar

- Vamos a ver si lo he entendido - interrumpe Laura - ¿Te acercaste a mí en la entrevista porque te daba pena, y después has quedado conmigo sólo para ver si era lo que andabas buscando para trabajar en la recepción del hotel de tu padre?

- No, no saques las cosas de quicio. Quedé contigo porque cómo te dije no conozco a nadie en la ciudad fuera de éste hotel y contigo me sentí cómodo desde el primer momento

- Ya, y ¿haces lo mismo con todos tus empleados? - resuelve Laura desafiante

- Laura, de verdad, siento muchísimo no habértelo dicho antes, pero no encontré un momento adecuado. Iba a decírtelo ayer, pero luego con lo de mi homosexualidad me pareció que ya no era el momento - Laura sonríe tímidamente al recordar el momento y añade

- Entonces, ¿el puesto es mío? - guiña un ojo a Mario que se ríe y contesta

- Claro que sí. De hecho tengo el contrato preparado por si quieres firmarlo ya.

- Me gustaría consultarlo con la almohada, todo esto es muy raro. Deja que lo piense ¿vale? - dice mientras se levanta y se dirige a la puerta

- Laura… - dice Mario imprimiendo en el tono de voz desaprobación y súplica. Pero Laura ya ha cerrado la puerta detrás de ella. Mario se queda pensativo en la oficina, realmente quiere que Laura trabaje con él.
Laura sale del hotel indignada y a la vez extrañamente contenta. Llama a Lucía, al tercer tono ésta descuelga

- <“¿Si?”>

- “¡No te vas a creer lo que me ha hecho el gay!” - con dicha exclamación empiezan cuarenta y cinco minutos de conversación telefónica que sirven para que Laura se desahogue completamente y Lucía se ría a pleno pulmón.

   Ya por la tarde, ambas amigas se encuentran para empezar las clases de tango y no pueden evitar estallar en carcajadas cuando el profesor de baile se presenta diciendo “Buenas tardes a todas, mi nombre es Ernesto, voy a enseñarles a bailar uno de los bailes más sensuales que conozco y para que no haya malentendidos quiero que todas ustedes sepan que soy gay”

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