miércoles, 23 de mayo de 2012

Capítulo 19

   Laura pasa el resto del día con Mario. Él la hace sentir realmente bien. Cuando vuelve a casa es la hora de cenar y Gato la recibe con un maullido indignado.

- Perdona peluche, no pensé que fuera a tardar tanto. - Sigue al animal hasta la cocina y le pone un platito con la cena. No se ha vuelto a acordar de Andrés en todo el día y por primera vez en mucho tiempo se siente feliz de verdad. Ha encontrado una persona con la que puede hablar, que la escucha y la hace sentirse importante.

   Como flotando en una nube y aún sonriente se mete en la cama y se duerme. El sonido del teléfono la despierta temprano

- “¿Si?” - dice con la voz ronca de recién levantada

- <“Pensé que ibas a llamarme ayer”> - reprochó Lucía a su amiga.

- “Es que ayer estuve muy liada, pero tengo mucho que contarte ¿te pasas hoy por casa?” - responde Laura aún adormilada.

- <“Hoy tengo reuniones toda la mañana, y estaré liadísima toda la tarde, así que hoy lo veo difícil ¿te va bien mañana, o también estarás muy liada?”>

- “Lu, tía no te piques”

- <“No me pico, pero mañana me llamas, ¿va? Y ahora te cuelgo, que yo sí estoy liada, un beso”>

- “Un beso, nena”.

   Laura se queda despierta en la cama, mirando al techo y pensando en nada durante algo más de una hora. No la apetece mucho hacer nada, aunque finalmente se decide a salir de la cama y se arrastra perezosamente hasta la cocina. Gato la mira mientras se estira en el sofá y reclama sonoramente su desayuno. Laura mira al animal y le pone la comida con desgana.

   Se tira en el sofá y se enciende un cigarrillo. Se lo fuma con deleite, casi había olvidado el placer que la producía fumar tranquila y cómodamente en el sofá. Eso la lleva a pensar en Andrés. Hace varios días que no habla con él, y pese a que al principio, no saber nada de Andrés resultaba insoportable, con el paso de los días su dosis de Andrés se ha convertido en algo innecesario. Laura le sigue queriendo muchísimo, pero tiene la constante sensación de estar enamorada de un recuerdo.

   Gato la saca de sus pensamientos brincando sobre su regazo, pero al acariciar al animal Andrés vuelve a su mente, es extraño porque cada día que pasa sin hablar con él la sensación de echarle de menos se desvanece, aunque sigue sintiendo su ausencia. Estos pensamientos la hacen sentirse terriblemente culpable.

   En ese momento el teléfono suena, Laura teme que sea Andrés, pero es Mario. Descuelga y la voz de Mario suena

- <“ Hey, soy un terrible cocinero y había pensado en salir a comer… Y, bueno, no sé, he pensado que igual te apetecía venir conmigo…”>

   Laura permanece en silencio unos instantes, una parte de ella está deseando ir, pero la voz de su conciencia la dice que no debe.

- “No sé, Mario…”

- <“Ay, lo siento. Igual te parezco muy pesado, es que bueno, ya sabes que no conozco a nadie más aquí…”> - Hace una pausa - <“Entiendo que no te apetezca…”>

   Laura se siente mal ante las palabras de Mario, se acuerda de cómo se sintió ella cuando se fue Andrés y la casa se le caía encima. Además Mario es un encanto.

- “No, no, si no es eso… ¿Dónde quieres ir?”

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