jueves, 10 de mayo de 2012

Capítulo 28

   El tiempo pasa lento, parece como si las agujas del reloj estuvieran conspirando contra ella. Laura se siente impaciente por empezar en el nuevo trabajo, hasta se arrepiente de no haber aceptado antes. Trabajar mantendrá su mente ocupada y así no podrá pensar en Andrés ni los posibles porqués. Sólo quiere dormir, a este ritmo empezará en el hotel con aspecto de groupie trasnochada o peor.

   Durante todo el día no ha sabido nada de Andrés y no deja de darle vueltas a la dichosa ruptura, es cierto que le quiere, pero también es cierto que el amor no siempre es suficiente. Se plantea una y mil veces si debe seguir adelante con su decisión o si ambos merecen una segunda oportunidad, pero sabe que si lo tuviera enfrente todo sería diferente. En medio de una tempestad de pensamientos y sentimientos contradictorios, Laura se duerme.

   Se despierta acelerada, mira el reloj, se ha dormido “típico en mí” piensa, “pero si me doy prisa, llego” pasa por la casa como una exhalación con Gato interrumpiéndola constantemente, echa el resto de su leche en el comedero de Gato quien mira el líquido blanco con cara de pocos amigos. Laura corre por el pasillo mientras se pone los tacones “No llego, no llego, no llego” se repite angustiada. Sale de portal gritando “Taxi” y corriendo hacia la carretera mientras se coloca la ropa, varias personas se quedan mirándola. Laura examina la calle nerviosa buscando algún taxi libre, por fin uno para.

   Llega al hotel por los pelos y en la puerta la espera Mario

- Bienvenida, casi llegas tarde - saluda él con sorna

- No dijiste no llegues casi tarde. Dijiste que no llegara tarde, y no lo he hecho, jefe. - Responde Laura fingiendo una mueca de seriedad mientras sube una ceja y reprime una sonrisa.

   Ambos se miran y se empiezan a reír

- Eres incorregible - afirma Mario - Anda, vamos para dentro, que te espera un día duro, y ahora no bromeo.

   Tras presentarla a un número de personas que a Laura le pareció infinito y explicarla sus funciones, horarios, pautas y normas, por fin empezó la jornada de trabajo propiamente dicha y Laura ya estaba exhausta. Pero el trabajo funciona mejor que ninguna medicina para sus males, desde que ha empezado el día no ha tenido más de un minuto libre para pensar en Andrés, sólo ha podido pensar en que el trabajo la encanta. A la hora de comer, ya ha entablado relación con algunas de sus compañeras y charla distendidamente con ellas, se siente feliz, no se puede decir que tenga nuevas amigas, pero sí que tiene unas compañeras, que, de momento, parecen estupendas, Laura se siente arropada por ellas, que incluso hacen un brindis en su honor.

   A diferencia del anterior, el día pasa volando, cuando se quiere dar cuenta es hora de irse a casa, justo antes de salir recibe un sms de Mario: <<Laura, tengo muchísimo lío hoy, así que no me esperes. Quiero detalles, paso luego por tu casa.>>. Sonríe al leerlo, Mario es tan dulce sin siquiera pretenderlo que a veces olvida que es gay.

   Cuando llega a casa Gato está furioso, Laura lo mira con lástima

- me había olvidado por completo de ti, mi amor - le dice con dulzura. Va a la cocina y le pone una latita, el animal lo mira con recelo y finalmente se lo come. Laura empieza a preparar algo para picar, al fin y al cabo el jefe va a venir a casa. Ante ese pensamiento suelta una carcajada que sobresalta al minino. Mientras termina una serie de canapés y picoteos, suena el timbre: Es Mario. Laura le pone las sobras a Gato y se dirige a abrir.
- ¿Qué tal la chica nueva? - pregunta Mario en cuanto Laura abre la puerta

- Sabes que bien - responde entre risas haciéndole pasar.
   La velada transcurre entre risas, copas y cotilleos, se lo pasan tan bien que se olvidan de la hora que es

- ¡Mierda! - exclama Laura repentinamente - No he llamado a Lucía, ¿qué hora es? - Mario mira el reloj y suelta una sonora risotada

- Llámala mañana, mejor - enseña el reloj a Laura que lo mira muy seriamente y le dice

- Ya te vale, voy a llegar destrozada al curro mañana, mi jefe me mata. - Ambos se miran, vuelven a reír y continúan como si nada. Bien entrada la madrugada deciden que lo mejor es que Mario se quede a dormir y vayan juntos a trabajar por la mañana. Laura, le ofrece su cama y le presta un pijama. Acostados uno junto al otro se miran. “Es tan guapo…” piensa Laura.

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