Tras colgar el teléfono Laura va a vestirse, ha quedado con Mario en dos horas y quiere estar lista, cuando se mira en el espejo se da cuenta de que ha elegido el vestido favorito de Andrés, él se lo compró unos años atrás durante unas vacaciones en la costa. Al recordar aquellas vacaciones una sonrisa aparece en su rostro. De repente se siente culpable, ni siquiera ha mirado el ordenador en todo el día.
Conecta el ordenador y sale a fumarse un cigarro al balcón mientras Windows se inicia, ese estúpido ordenador lento la desespera. Cuando por fin entra en su correo electrónico tiene varios mensajes de Andrés. Lee el primero << Hola Laura, ya veo que no paras, a ver si sacas un rato y hablamos. Lo del trabajo me parece genial ¿de qué es?. Espero que te cojan. Un beso >> pasa al siguiente << Hola desaparecida! Sigo sin noticias tuyas ¿Sabes algo del trabajo? Dime cuando puedes conectarte y hablamos. Un beso >> el tercero dice << Hola nena, me he conectado para ver si te pillaba, pero veo que nada. Te noto rara, ¿Te pasa algo? Un beso >> “¿Que si me pasa algo? ¿Ahora te das cuenta?”piensa mientras suspira para si y lee el último << Tengo ganas de hablar contigo, Lau. Te quiero.>> Laura se plantea si contestarle o no, pero ciertamente no sabe que decirle así que pasea por la habitación intentando pensar una respuesta a los emails de su pareja.
Se apoya contra la pared y se deja caer hasta el suelo, pensativa. Ella siempre pensó que Andrés sería el hombre de su vida, pero cada vez lo tiene menos claro. A los pocos meses de empezar la relación, Laura se imaginaba a sí misma caminando hacia el altar, había imaginado el día de su boda con Andrés miles de veces, incluso había pensado en el vestido que llevaría y en cómo serían sus hijos. En ocasiones se había mirado de perfil en el espejo imaginando que estaba embarazada. Eran muchas las ilusiones que se habían destruido en los últimos meses y ella culpaba a Andrés de todo eso, al fin y al cabo fue él quien cambio de actitud y decidió irse lejos.
Por primera vez desde que Andrés se marchó se esta planteando el futuro de la relación pensando en sí misma. Esta vez ya no piensa en qué hará sin él, sino en qué está haciendo con él. Se acaba de dar cuenta de que era totalmente dependiente de él, de que su mundo entero giraba en torno a los planes de futuro de ambos, planes que casi con toda seguridad, no iban a cumplirse. Una vez más su mirada de inunda de lágrimas y se siente estúpida.
Sentada en el suelo mirando a ningún sitio, con un vestido precioso, con una cita para comer con un semidesconocido y llorando por el recuerdo de un amor que casi da por perdido. Tras unos momentos de autocompasión y llanto se levanta, se mira en el espejo del baño, está horrible. Gato aparece en el baño y se acicala sentado en la taza mientras ella se lava la cara, le mira través del espejo y se ríe, definitivamente el animal y ella tienen una relación un tanto curiosa, le mira fijamente y le dice
- ¿Tú también tienes una cita?
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