A la mañana siguiente el timbre del telefonillo despierta a Laura, que caminando medio sonámbula va a abrir. Es un paquete enviado por mensajería urgente Laura firma el albarán y vuelve a entrar en casa, deja el paquete sobre la mesa del salón y se vuelve a la cama.
Está agotada, tiene agujetas por todo el cuerpo de la dichosa clase de tango y no tiene ganas de hacer nada. Nada más tumbarse decide que es un día de cama, o de manta y sofá, total fuera está diluviando y no la apetece salir. Con la posturita ya pillada los ojos de Laura se abren cómo platos “¿Qué será el dichoso paquete?¿Y de quién?” se pregunta una y otra vez. “Me da igual, seguro que es de Mario y paso de mirarlo. ¡Duérmete!” se repite a sí misma. Pero la curiosidad es más fuerte que ella y se levanta, Gato la persigue hambriento emitiendo cortos, continuos y sonoros maullidos.
Laura coge el paquete y empieza a abrirlo mientras camina hacia la cocina, pone la comida al animal para que la deje en paz y sigue forcejeando con el estúpido paquete hasta que por fin se abre y de él se cae un libro. “Tanta historia para esto” piensa ella mientras recoge el libro del suelo, lo mira “Marina” lee para sí. Es un libro que nunca ha leído y no sabe quién se lo ha enviado, no hay remite. Lo abre por la primera página y reconoce la letra de Andrés << Sólo recordamos lo que nunca sucedió.>> Vuelve a cerrarlo. No la apetece leerlo, sus ojos se han vuelto a empañar y fuera está lloviendo.
Apoyada contra el cristal de la puerta del balcón, mirando la calle no puede evitar desviar furtivamente sus ojos hacia el libro que ha dejado sobre la mesa. Lo vuelve a coger “Carlos Ruiz Zafón. Marina” da la vuelta al libro para leer la sinopsis, pero no está, en su lugar hay otra nota de Andrés <<No seas tramposa, mi amor>> Laura sonríe al ver éstas palabras. Andrés odiaba que Laura se leyera las sinopsis de los libros y juzgara si debía leerlos o no según el juicio de valor del autor de la sinopsis.
Pone el móvil en silencio, hoy no quiere hablar con nadie. Se tumba en el sofá con el libro y comienza a leer. Varias páginas después Gato se acurruca a sus pies. El libro la hace gracia, la historia tiene lugar en Barcelona, sale un gato… No puede evitar sonreír cada vez que encuentra una similitud entre la narración y su propia vida, por pequeñísima que sea. Se sumerge en la lectura y cuando quiere darse cuenta son las cuatro de la tarde.
No entiende por qué Andrés ha decidido mandarla ése libro, pero la gusta. Se levanta del sofá con los músculos casi atrofiados tras varias horas en la misma posición. Va a la cocina a prepararse algo y Gato aparece maullando y relamiéndose.
- Lo pillo, pitufo, dame un momento - el animal se tumba junto al comedero impaciente siguiendo atentamente cada movimiento de Laura y se abalanza sobre su platito antes de que llegue al suelo.
Tras el tentempié decide volver a la lectura, pero al mirar el libro recuerda a Andrés. Ojalá las cosas hubieran sido distintas entre ellos, le ama, pero no está dispuesta a seguir sufriendo por él y esperando un cambio que con toda seguridad nunca tendría lugar. En realidad no quiere cambiar nada de él, sólo quiere al Andrés de antes, el chico detallista, romántico y cariñoso que la daba sorpresas tontas, pero ése chico había desaparecido y tenía que asumirlo.
Mira el móvil, tiene varias llamadas perdidas de Lucía y de Mario. Decide llamarles a ambos, “Primero a Lucía. Mario que se joda y sufra un poco” pensó para sí.
- < “¿Si?” >
- “Nena, soy Laura. Perdona que no te lo haya cogido antes, estaba leyendo” - se disculpa Laura
- <“¿Leyendo? ¿Me estás vacilando?”>
- “No, es que verás, el otro día le mandé un email a Andrés diciéndole que no podía seguir así… y él me ha respondido mandándome una novela”
- <“Frena. ¿Has dejado a Andrés por email?”>
Laura piensa durante unos instantes, sabía que era una ruptura pero no había querido pensar en ello como tal
- “Sí, supongo que sí…”
- <“¿Por qué? No te entiendo.”>
- “Es… es complicado”
- <“¿Qué tal si me paso por tu casa dentro de un rato y tratas de explicármelo?”> - dicho esto Lucía cuelga. Laura se queda unos instantes mirando el teléfono y pensando en la ruptura “¿Realmente su historia con Andrés había acabado para siempre?”
El teléfono vibra en sus manos, es Mario. “Éste chico tiene el don de la oportunidad”
- “Dime” - responde Laura tajante al descolgar
- <“Oh, vamos ¿Sigues enfadada?”
- “Puede. ¿Qué quieres?”
- < “Necesito que me digas algo del trabajo…”>
- “Mario, verás. Hoy no puedo tomar decisiones de esa índole. ¿Puedo decirte algo mañana?”
- <“Vale. Pero mañana sin falta quiero esa respuesta. ¿Te apetece quedar a tomar un café?”>
- “Hasta mañana, Mario” - dice mientras cuelga. Va a decir que sí, pero quiere hacerle sufrir un poco.
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