miércoles, 30 de mayo de 2012

Capítulo 16

El corazón de Laura da un vuelco al oír su nombre.

- “Ah, sí, sí. ¿Qué tal te fue la entrevista?” pregunta con timidez.

- “<Bien, bien. Pero te llamaba por si te apetecía salir ésta noche a tomar algo, no sé…>

   Laura permanece en silencio, ahora no puede dejar de pensar en Andrés. Oye la respiración de Mario al otro lado del teléfono, no sabe qué hacer. Por un lado quiere quedar con él, es muy agradable, pero por otro lado, es muy precipitado, no sabe nada de él.

- “No sé, es un poco tarde” responde finalmente.

- "< Vaya, qué pena, me apetecía verte otra vez >;” - el corazón de Laura se agita otra vez ante las palabras de Mario. La verdad es que ella también quiere volverle a ver. Se siente cómoda cuando está con él, pero lo cierto es que no tiene ningún interés romántico en Mario. La encantaría que fueran amigos, pero nada más.

- “Ya, si estaría bien. Pero hoy es tarde ¿No crees?” - dice tratando de ser amable.

- “ < Sí, la verdad es que un poco tarde sí que es, pero no podía dormir y la verdad es que no tengo muchos amigos aquí >” - el hecho de que Mario no tenga muchos amigos la recuerda a ella misma y al estúpido Tuenti que cada día la recuerda que no ha cambiado su estado porque no ha hecho nada interesante.

   Empiezan a hablar y sin saber muy bien cómo son las tres de la madrugada. Sorprendidos por la hora ambos se despiden con un “hasta mañana”. Al colgar, una sonrisa tímida se dibuja en el rostro de Laura. Durante varios minutos se queda en el balcón apoyada contra el marco, soñando despierta. Se da cuenta entonces de que el cigarro que cogió sigue apagado en su mano, pero ya no tiene ganas y lo guarda.

   Gato la observa ovillado en el sofá y cuando ella lo mira se vuelve a acurrucar. Laura lo mira con dulzura y se acuerda de cuando lo vio por primera vez, aquella pelota de pelo vaga y arisca que huía de ella, de nuevo sonríe al recordar como Andrés hacía rabiar al pobre animal. “Andrés” susurra mientras una imagen de ambos se la viene la cabeza. Decide entonces encender el ordenador y ver si tiene algún mensaje de él, hace varios días que no hablan y realmente quiere saber de él.

   Hay momentos en los que le echa tanto de menos que hasta le duele. Aparte de las dos llamadas perdidas que tenía en la BlackBerry tiene dos e-mails de él. Lee el primero &lt;&lt; Lau, ¿Qué tal el día? Últimamente estás que no paras, nunca te pillo. Yo liado con el curro como siempre. Luego en el descanso te llamo. Un beso.&gt;&gt;. La frialdad del mensaje la molesta y pasa a leer el siguiente. &lt;&lt; Nena, estoy preocupado. Hace días que no hablamos y no sé nada de ti. ¿Ha pasado algo?.Quiero hablar contigo, te echo de menos.&gt;&gt;. El segundo mensaje la sorprende, hace tiempo que Andrés no la dice “te echo de menos”, de hecho, nunca lo dice. Que estuviera preocupado la resultaba igualmente sorprendente. Andrés no era de los que se preocupan, ni de los que se crean sus propias películas. Decide responderle con otro e-mail, pero no sabe muy bien qué decirle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario