miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo 29

   Cuando suena el despertador y Laura abre los ojos y ve a Mario de espaldas a ella lo primero que piensa es “¡Mierda, pasó de verdad! La he cagado, la he cagado…” justo en ese momento Mario se da la vuelta

- Buenos días ¿Has dormido bien? Espero no haberte dado mucha guerra - Laura niega con la cabeza

- He dormido bien, no te preocupes - Mario parece satisfecho y cambia de tema

- Voy a darme una ducha ¿te importa? - Laura hace un gesto de aprobación y se queda mirándolo mientras se aleja. Sonríe. No puede creer que haya sido tan tonta como para pensar que entre ella y Mario había pasado algo, debió soñarlo y al despertar, aún parecía cierto. “Tengo que dejar de beber” piensa. Gato sube ágilmente a la cama recordándola que es hora de salir de entre las sábanas y darle de comer.

   Gato siempre parece feliz cuando come, de hecho, lo mira y tiene la sensación de que lo único que hace Gato durante todo el día es comer, dormir, acecharla y mendigar más comida.

- Debe ser estupendo ser un gato como tú - le dice al animal quien la mira relamiéndose, se levanta y se dirige a su hueco del sofá. Laura esboza una media sonrisa, no puede creer lo tierno que le parece el minino al que hace apenas unas semanas aborrecía con todas sus fuerzas. Pensar en eso la hace pensar en Andrés, y volver al pasado.

   Es el timbre del telefonillo el que la saca de sus ensoñaciones. Mira el reloj. Parece demasiado pronto para esperar visita, así que no abre, pero al cabo de unos minutos es el timbre de la puerta el que suena. Sorprendida camina hacia la entrada donde Gato la espera inquieto.

   Al abrir la puerta Laura siente como el corazón deja de latirle y toda la sangre se evapora durante un momento que parece eterno, allí de pie frente a ella está Andrés, su Andrés, parece más mayor y más cansado, pero es el mismo. Tras el shock inicial por fin recupera el aliento

- Qué…¿qué haces aquí? - logra articular aún atónita por la sorpresa.

- Necesitaba verte - responde él sonriendo con timidez.

   Laura no puede creerlo, ha soñado con este mismo momento cientos o miles de veces y ahora que está sucediendo, no sabe qué hacer, ni qué decir, ni siquiera sabe como sentirse. Le invita a pasar y le sigue hasta la cocina sin salir aún de su asombro.

- Iba a hacer café. ¿Quieres uno? - pregunta torpemente en un intento de romper el hielo

- Sería estupendo, gracias.- Mientras se hace el café es Andrés quien vuelve a hablar

- ¿No te alegras de verme? No sé, esperaba otra reacción, la verdad.

- Sí, si me alegro, pero es que no te esperaba en absoluto, es… es una sorpresa del todo inesperada y después de nuestra última charla, por llamarlo de alguna manera, más… no sé…

- Lo sé - la interrumpe Andrés - Pero no podía dejar que todo acabara así. Creo que nos merecemos más. ¿Tú no? - Laura le mira y mira al suelo, son demasiadas emociones contenidas y siente que el cerebro la va a estallar. - ¿Ya no me quieres, Laura? - al oír de nuevo su voz diciendo esas palabras Laura siente que algo por dentro se la rompe, pero se siente incapaz de decir nada.

- ¿Qué pasa? - es la voz de Mario la que rompe ahora el silencio. Laura abre los ojos como platos y levanta la mirada. Había olvidado por completo que Mario estaba en casa.

- ¿Quién es éste, Laura? - las palabras se atropellan en la boca de Andrés y su cara está desencajada. Mario, envuelto en una toalla, se queda petrificado en el sitio, con la incomodidad del que ha interrumpido algo y con los ojos de Andrés taladrándole con crudeza.

- Es Mario, mi jefe.

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