martes, 8 de mayo de 2012

Capítulo 30 - Desenlace

   Andrés está totalmente desconcertado incapaz de reaccionar sólo hace una pregunta tras otra, sin esperar respuestas con un tono de indignación e incredulidad. Finalmente respira hondo

- ¿Qué quiere decir esto? - pregunta mirando de uno a otro.

- Mario es un amigo, no es lo que piensas.- se defiende Laura.

   Se produce un silencio incómodo, demasiado largo, demasiado intenso. Andrés vuelve a hablar

- No tengo derecho a reprocharte nada, Laura, pero por favor, no me tomes por estúpido - suspira y sigue - Lo que está pasando está claro, sólo quiero saber si es lo que quieres, yo… yo… - Andrés siente como una furia inmensa vuelve a apoderarse de él - Es mejor que me vaya - Dicho esto Andrés se marcha, Laura y Mario oyen la puerta de la calle cerrarse con fuerza.

   Mario empieza a hablar

- ¿Estás bien? - pero no obtiene respuesta alguna, Laura permanece inmóvil con la mirada clavada en el hueco que antes llenaba Andrés - Laura, ¿Estás bien? - insiste él. Laura parpadea y le mira

- Se ha ido - dice mirando a Mario - Se ha ido sin más.- una lágrima recorre su mejilla hasta sus labios temblorosos. Mario corre a abrazarla y le susurra al oído

- Ve tras él - Laura se libera del abrazo y niega con la cabeza, una parte de ella quiere salir corriendo y alcanzarle y explicarle todo y volver a ser los de antes, pero otra parte de ella está muy dolida y prefiere no volverle a ver. Es Gato quien con un “Miau” y su carita peluda la arranca una sonrisa entre lágrimas y la hace decidir “Tengo que ir tras él”.

   Sale del portal en pijama, corriendo, fuera está lloviendo, mira hacia ambos lados pero no lo ve. “Tal vez sea demasiado tarde” piensa. Corre durante un par de calles sin suerte, y justo entonces lo reconoce, empapado, apoyado en la puerta de un coche con la mirada perdida en la lluvia.

- ¡Andrés! - grita, éste se levanta al oír la voz de Laura y acude a su encuentro. Se abrazan. Andrés intenta besarla, pero Laura se aparta.

- Tenemos mucho de que hablar - dice ella - ¿Vienes a casa?

   Cuando llegan a casa Mario ya se ha ido, ha dejado una nota: <<Tómate el día libre, si quieres. El jefe.>>. Se secan y empiezan a hablar. Laura empieza a hablar y le explica todo lo referente a Mario, no quiere ver sufrir a Andrés por un malentendido. Al principio Andrés se muestra reacio a creerla, pero poco a poco lo siente, lo ve y finalmente la cree. Laura necesita saber el porqué del cambio de Andrés, el porqué de la distancia y de la frialdad, las pocas explicaciones que él la ha dado no la bastan, le explica cómo se sentía ella, abandonada sin motivo, rechazada, incluso se atrevería a decir que se había sentido maltratada por su indiferencia.

   Quiere que Andrés entienda cuán sola había estado sin él y cuánto había sufrido por él. Andrés intenta explicarse sin mucho tino, y acaba explicando que era su modo de defenderse, que él estaba sufriendo tanto como ella y que su manera de soportarlo era alejarla, más allá de la distancia física. Dice que incluso llegó a creer que no la amaba, pero entonces ella cambió, y el se dio cuenta de pronto de que podía perderla para siempre y de que la quería igual que antes y quiso arreglar las cosas, pero ya era tarde.

   Laura le mira explicarse y le escucha atentamente, ya ha leído muchas de las palabras que él expresa en su intento de explicarse y, sin embargo, cada poco rato tienen que parar porque les inundan las lágrimas, o porque necesitan abrazarse. Cuando acaban de hablar, Laura se siente más fuerte y segura de sí misma que nunca, como si acabasen de quitarle de encima la losa de mármol de una lápida.

- Entonces ¿Lo intentamos de nuevo? - pregunta Andrés esperanzado.

   De nuevo el silencio se convierte en el protagonista de la jornada. Laura respira hondo y por fin habla

- Intentemos ser amigos, y a ver qué pasa

- Pero, yo no quiero ser tu amigo, Laura. Quiero ser tu chico, quiero ser tu Andrés y que seas mi Laura - responde él suplicante

- Ya. Pero yo no quiero ser de nadie, Andrés. Sólo quiero ser mi Laura

- Entonces ¿Es un hasta nunca? - pregunta él abatido

- Entonces es un nunca se sabe, Andrés - responde ella sonriente - Los dos lo hemos pasado mal, claro que te quiero y que me gustaría estar contigo y ahora sé que a ti también, pero para mí al menos, no es el momento de historias extrañas, aunque quizás mañana, o dentro de un tiempo, tengamos un día de esos en los que te das cuenta de que necesitas estar con la persona a la que amas.


----- FIN -----

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