martes, 5 de junio de 2012

Capítulo 11

   Lucía sale de la ducha como un huracán 


- ¿Todavía no te has vestido? - pregunta a su amiga que está plantada en el balcón con la mirada clavada en el teléfono. - ¡Date prisa, tardona! 


   Laura reacciona y se dirige a su cuarto, cabizbaja y pensativa. Por una parte quiere hablar con Andrés, pero por la otra no sabe qué decirle, y no quiere volver a oír esa voz desganada al otro lado del teléfono. Se viste mientras piensa en él. “Total, si es importante volverá a llamar, y si no, otro día sin saber nada” se dice a si misma. Sale de la habitación ya vestida y ve a Lucía ya preparada para salir. 


- ¿Nos vamos? - pregunta Lucía al ver a su amiga moviéndose indecisa. La mente de Laura está ahora recordando la angustia que la provocó días atrás pisar la calle. 


- Tengo que contarte algo - confiesa mirando a su amiga. Empieza a contarle la sensación de congoja, de miedo que la invadía cuando salía a la calle. Lo de la señora de la calle que recogió parte de su compra desperdigada, lo de Miguelón. Se siente estúpida mientras se lo cuenta, pero cada vez que piensa en ello, se le quitan las ganas de salir. 


- Eso es inseguridad - resuelve Lucía tajante. - Pero hoy no te va a pasar, ya lo verás - dicho lo cual, se levanta y con gesto de la mano invita a Laura a seguirla.

   Laura se sorprende cuando salen del portal, y sólo siente el calorcillo del sol acariciando su rostro, ni miedo, ni angustia, nada. Sonríe a su amiga y se ponen en marcha. Las calles están llenas. Ven un millón de escaparates, entran en tiendas, ríen, compran. Pero una misma idea ronda la cabeza de Laura: Andrés. Mientras su amiga se prueba una montaña de vestidos coloridos en Zara, Laura empieza a recordar todos los momentos de su vida en los que está Andrés, son cientos. Echa la vista atrás y casi no hay momentos en los que de una manera u otra él no esté presente. Por alguna razón sólo recuerda momentos buenos, a medida que piensa en él una sonrisa tímida se va dibujando en sus labios, por alguna razón, aún le ama.

   Lucía sale con otro vestido precioso 

- ¿Éste qué tal? 

- Te queda genial - responde su amiga casi sin mirarla, tiene la mente en otro lugar. Pero Lucía está emocionada y no se percata. 

- ¿En serio? Y ¿Cuál te gusta más éste o el azul?

- No sé, los dos te quedan muy bien - responde distraída

- Vale, pues los dos - dice Lucía con un guiño mientras se vuelve a meter en el probador. Laura se frota los ojos tiene que sacarse de la cabeza a Andrés, pero es que hasta las letras de las canciones parecen hablar de él. De pronto la entran unas ganas enormes de fumar, quiere que su amiga salga ya. 

   Por fin fuera de Zara deciden ir a comer a un restaurante chino. Por el camino Laura entra en un bar, necesita tabaco, necesita fumar. Lucía la dice que lo debería dejar. 

- Lo sé, éste es el último paquete, lo prometo - su amiga responde con una mueca de incredulidad. 

   En el restaurante la comida transcurre sin más. Lucía no quiere sacar de nuevo el tema de Andrés, quiere esperar a que su amiga esté más animada mientras que por su parte Laura se deleita con conversaciones superficiales que mantengan ocupada su mente. Después de comer, se despiden, Lucía tiene que irse a trabajar, pero promete llamar a Laura cuando salga. Cargada con una decena de bolsas innecesarias, Laura vuelve a casa. Camina mirando al suelo y pensando en Andrés. Quiere llamarlo, necesita hablar con él.

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