Mira a Gato, éste la devuelve la mirada. Por un momento la parece que Gato la sonríe y ella se sonríe también. Laura no puede dejar de controlar el móvil, pero el aparato no suena. Está intranquila, desea que esa llamada llegue, pero al mismo tiempo tiene miedo. No sabe cómo reaccionará Lucía en caso de que responda y no sabe cómo reaccionará ella misma en caso de que no lo haga.
Da mil paseos por la habitación mientras fuma y se mordisquea las uñas. Come. Ve una película tirada en sofá con Gato arrullado a su vera. Sale al balcón, mira las aceras, fuma. Sólo han pasado unas horas, pero parecen siglos. El teléfono suena, Laura titubea pero finalmente descuelga y con un hilo de voz dice
- “¿Si?”
- “< Laura, soy Lucía…>” responde una voz al otro lado del teléfono
- “Hola de nuevo” - responde Laura con una mezcla de optimismo y ansia.
- “< Hola. Yo…, bueno he pensado que podríamos quedar después de todo.>” el corazón de Laura da un vuelco al oír las palabras de su amiga.
- “Genial, ¿Dónde te viene mejor a ti?” - pregunta con la ilusión marcada en la voz.
- “<¿Qué te parece en Café Weird? Puedo pasarme por allí sobre las seis, cuando salga del trabajo.>” - sugiere Lucía en tono neutro.
- “Por mí perfecto, allí te espero” - responde una Laura emocionada.
- “< De acuerdo, pues luego nos vemos >” contesta Lucía bastante seca.
- “Hasta luego…” - dice Laura, pero Lucía ya ha colgado.
Laura pega un grito de alegría y corre hasta Gato que la mira entre sorprendido y adormilado, lo coge y lo alza en el aire mientras le agita y exclama
- ¡Me ha llamado, Gato, me ha llamado! -. Las pupilas del animal se agrandan con extrañeza. Laura lo abraza con fuerza y besa su húmeda nariz. Gato responde con un movimiento inesperado, e intenta zafarse para volver al sofá. Laura lo suelta y brinca por toda la casa. Pone la música a todo volumen y baila, está eufórica. Tiene una nueva oportunidad y no piensa cagarla. Apenas faltan dos horas para su cita con su amiga y quiere llegar puntualísima.
Se ducha, se viste, se maquilla, al mirarse en el espejo se ve preciosa. Mira el reloj, aún tiene tiempo de sobra, pone la comida a Gato por si la tarde se alarga. Sale al balcón a fumar un cigarrillo antes de salir de casa, ésta vez la calle la parece preciosa. La gente feliz no la da envidia y sólo tiene ganas de ser una persona más caminando feliz por la ciudad. Acaba el cigarro casi con prisas y sale de casa.
Cuando por fin llega al Café Weird, Lucía aún no está, Laura se alegra de haber llegado puntual, sabe que Lucía no le daría otra oportunidad. Pide un café mientras espera. En el Weird no se puede fumar así que rebusca en el bolso un caramelo o algo que llevarse a la boca. En su búsqueda se percata de que se ha olvidado el móvil en casa, pero casi hasta se alegra, así nadie podrá interrumpirlas.
Pasa media hora y Laura se empieza a preocupar. Lucía no suele llegar tarde, es una persona muy puntual. La inseguridad de Laura aparece de golpe “¿Y si no viene?” “¿Y si se ha olvidado?” “¿Y si la ha pasado algo?”. Los minutos siguen pasando, y Laura sigue con la mirada clavada en la puerta por la que ella no entra. Ya ha pasado más de una hora y no puede seguir abatida sobre la mesa, es el momento de pedir la cuenta y volver a casa, quizá Gato la extrañara.
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