viernes, 8 de junio de 2012

Capítulo 8

   La calle vuelve a ser ese lugar inhóspito que eriza la piel de los brazos y la nuca de Laura. No puede creerse que Lucía no haya aparecido, sencillamente no puede. Mientras camina por la ciudad cabizbaja, con la mirada fija en el adoquinado del suelo y los ojos cubiertos de lágrimas. Y sólo una pregunta martilleando es su mente “¿Por qué?”. Su corazón latiendo furioso en su pecho parece un puñal que se le clava a cada palpitar. Se siente como una mierda, se quiere morir.

   Cuando entra en casa, Gato la espera en el umbral. Ella lo mira y lo abraza y empieza a llorar. Gato permanece inmóvil sobre ella, como si entendiera. Una vez que está más tranquila, se dirige al balcón. Necesita fumar, está al borde de una crisis de ansiedad. Al pasar por delante de la mesa ve la luz de la BlackBerry parpadear. Se para en seco, había olvidado por completo que el teléfono estaba en casa. Lo mira, tiene trece llamadas perdidas de Lucía y tres mensajes. <<No voy a poder llegar a tiempo. Un contratiempo en el curro. Te llamo luego. Lu>> <<No me lo coges, imagino que estás liada. Esto va para largo. No me esperes. Lu>> <<Siento haberlo cancelado. Te invito a cenar, paso a buscarte a las 9.30. Si no puedes avisa. Estate preparada. Lu>>.

   Mientras los lee Laura casi se olvida de respirar. Mira el reloj, faltan diez minutos. De cuatro zancadas se planta en el baño, se mira al espejo, tiene un aspecto horrible. Se lava la cara y se empieza a maquillar de nuevo. Apenas tiene tiempo, mientras aplica el último retoque de perfilador suena el timbre. Por un instante su sangre se hiela. Al otro lado del telefonillo, Lucía se autoinvita a subir. Los pocos minutos que Lucía tarda en presentarse en la puerta, hacen que en corazón de Laura se acelere, no puede imaginar cómo será el reencuentro entre ambas. Incluso le tiemblan las piernas cuando escucha unos golpecitos en la madera de la puerta, es ella.

   Al abrir la puerta ve la figura de Lucía, su cara está seria. Pasan al salón y se sientan en el sofá, Gato las mira escondido bajo la mesa. Es Lucía quien empieza

- Bueno, pues tú dirás. Porque lo cierto es que no me esperaba tu llamada para nada. No sé, me sacas de tu vida a las bravas y ahora quieres quedar.

La dureza de las palabras de Lucía hace que Laura tenga que tragar antes de poder contestar, sabe que su amiga tiene razón y empieza con una sincera disculpa

- Lo siento. Yo sé que lo he hecho mal, pero en esos momento de mi vida no podía hacer otra cosa...- Lucía la interrumpe

- No es cierto. Podías haber hecho cientos de cosas, y elegiste pasar de mí. ¿Por qué tengo yo que estar ahora aquí? - Laura mira al suelo, no sabe que decir, sus ojos empiezan a inundarse y continúa

- Tienes razón. Me equivoqué. Para mí era todo nuevo y confuso y no supe llevarlo. Andrés se fue, me quedé sin curro. Me deprimí y yo…- Lucía levanta la cabeza de Laura y la mira fijamente a los ojos llorosos.

- Si dejas de llorar te perdono. Se te va a correr el maquillaje, tenemos mesa reservada y sabes que odio llegar tarde - Una sonrisa de complicidad se dibuja en el rostro de Lucía, al tiempo que Laura se abalanza sobre ella para abrazarla. Ambas amigas se funden entre abrazos y llantos. Laura no puede creerlo, Lucía le ha tendido la mano, la ha perdonado. Las lágrimas se tornan sonrisas y finalmente las dos estallan en carcajadas. Tienen mucho de que hablar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario