Por fin en casa se plantea por primera vez en su vida dejar de fumar. El tema del tabaco la costó muchas discusiones con Andrés, pero eso ahora ya da igual. Él no está y ella necesita cambiar algo en su vida. Y después de la experiencia en el bar, piensa que dejar de fumar es lo mejor.
Con estos pensamientos en la cabeza se enciende un cigarrillo en el balcón. Escucha los ruidos de la cuidad, se oyen tenues. Mira su cigarro incandescente y piensa “Si una ciudad como ésta puede estar callada, yo puedo dejar de fumar, pero no hoy, no ahora.”.
Se arma de valor y coge el teléfono, es tardísimo, pero tiene que haber alguna explicación para el comportamiento de Andrés. Llama pero el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en éste momento. Celos, furia, nervios, preocupación y odio se mezclan en su mente. Decide que lo mejor es irse a dormir, por la mañana todo será diferente.
Tras desmaquillarse se mete en la cama, está triste, la vida en rosa no está resultando ser rosa, en absoluto. Casi medio dormida siente una presión en las piernas y se espabila, su mente reacciona ilusionada,
- ¿Andrés?- no hay respuesta.
Asustada enciende la luz, allí está
- ¿Marco Polo? - dice sorprendida - Mierda de gato, pero ¿se puede saber qué te pasa hoy? - el gato ni siquiera se inmuta. Laura mosqueada se prepara para echarlo a patadas de la cama si hace falta
- ¡GATO! - exclama indignada, al oír esa palabra el gato reacciona inmediatamente, la mira, maulla con dulzura y se acerca mimoso hacia ella mientras ronronea. Laura, que no da crédito se dispone a echarlo, pero entonces mira a los ojos al animal y la ternura la invade.
- Tú también le hechas de menos, ¿verdad? - Lo acaricia y lo abraza mientras él responde con sonoros ronroneos, y así entre pelos y caricias ambos se quedan profundamente dormidos. Se despierta temprano y el gato ya no está. Laura no puede evitar preguntarse si lo ha soñado. Pero unos cuantos pelos en la cama la dicen que es cierto. Antes de llegar siquiera a levantarse el gato aparece de nuevo en la cama, maúlla como urgiéndola a levantarse. Laura va directa a la cocina, sabe de sobra que lo único que quiere el bicho es comida. Pero con el plato en el suelo el animal no aparece. Laura se asoma por la puerta, pero no lo ve.
- ¡Marco Polo! - lo llama, pero el gato no aparece. Intrigada va hacia la habitación, el gato está allí sentado mirándola con curiosidad. “
- ¿Marco Polo? - no hay respuesta.
- ¡Gato! -, improvisa Laura, ya mosqueada
- Miauu - responde el felino.
Laura de pronto se hecha a reír, acaba de comprender que el gato no responde por Marco Polo, el ridículo nombre que la ex-novia de Andrés le había dado no surtía ningún efecto sobre el minino. Responde por Gato, la forma despectiva en la que Laura siempre se había referido a él. Finalmente, lo mira con cariño, y por primera vez en varios años se decide a cogerlo en brazos. Gato se muestra cariñoso con ella mientras se dirigen al comedero.
- Así que ahora somos amigos, ¿eh, fiera? - dice mientras le deja dulcemente en el suelo. - Jamás lo hubiera imaginado-. La soledad y la falta de Andrés les habían unido. Ahora Laura se alegra de tener a Gato en casa, de repente, ya no se siente tan sola. Con una nueva ilusión en su vida, Laura decide que es el día perfecto para ponerse a buscar trabajo en serio, los ahorros se van acabando y el alquiler no se paga sólo.
Se enciende un cigarrillo frente al ordenador, hoy llueve fuera y no tiene ganas de mojarse, además “será uno de los últimos”, piensa. Para su sorpresa tiene un email de Andrés, no sabe si abrirlo, teme el contenido.
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