Gato la recibe en la puerta con un maullido sonoro.
- ¡Gato! - exclama Laura feliz de ver al animal, se agacha para acariciarlo, pero éste se aleja, se gira para mirarla y vuelve a maullar.
- ¿Tienes hambre? - le pregunta mientras se acerca a él “¡Miau!” responde el animal mientras corre hacia la cocina. Laura se ríe. Deja las bolsas en el salón y le pone un platito al gato que se lo come sin rechistar.
Andrés vuelve a su mente. Mira el ordenador, lo enciende, pero decide que es mejor llamarle por teléfono. Marca su número, pero vacila a la hora de pulsar la tecla de llamar. Vuelve a dejar el teléfono sobre la mesa. Ahora sólo recuerda todas las discusiones, los malos momentos, su frialdad. Ya no sabe si quiere hablar con él o no. Se sienta en una silla, empieza a fumar.
Mira al techo, al teléfono, pasea. Una vez más se llena de ansiedad. Mirando el teléfono empieza a llorar. Ha llorado tanto en los últimos meses que le parece algo natural. “¿Por qué no será todo cómo antes?” se pregunta una y otra vez. Se mete en el ordenador, tiene un correo de Andrés. Se muerde el labio, y lo empieza a leer << Buenos días, Lau. Me alegro que salieras ayer. Espero que te lo pasaras bien. Echo de menos hablar contigo. Tengo ganas de verte. Te quiero.>> Lee varias veces las dos últimas palabras. “Tan oportuno como siempre” piensa. Las palabras de Andrés no la hacen sentirse mejor. Es como si estuvieran separados por un muro invisible.
Le quiere muchísimo, y la encantaría estar con él siempre, pero siente que pertenecen a mundos diferentes, que ya no son uno. Siente que no le quedan fuerzas, pero la alternativa la aterra. No quiere pensar más en él, “Ya le contestaré más tarde”. Pone la radio con la intención de distraerse, pero el mundo parece ir contra ella. Nada más encenderla oye la voz de Sabina <<“estas ganas de nada, y menos de ti…”.>> Mira a la radio furiosa pero deja que suene
- ¿Por qué todo me tiene que recordar a ti?” - dice en voz alta, aunque para si. Se tira en la cama abatida. Sabe que tiene que hacer algo ya, así no puede seguir. Empieza a barajar las diferentes posibilidades en su cabeza. “Quizás si va a verle como Lucía sugirió él se alegre y estemos juntos y bien. Cuando estamos cara a cara nada es tan terrible, pero ¿y si él sigue en el mismo plan indiferente?” descarta esa opción por miedo al rechazo. “¿Y si le digo que venga él a verme? Podríamos salir por el barrio y pasarlo bien, como antes” pero enseguida rechaza esa idea “Dirá que está liado y que no puede…”. Sigue pensando hasta que llega a lo inevitable “¿Y si lo dejamos? Yo le quiero, pero esto no va bien… Seguro que él ya lo ha pensado más de una vez”
Vuelve recordar todos los planes que ya nunca se cumplirían, los viajes, las cenas, los cines, los besos, las caricias y sin darse cuenta empieza a relajarse y a masturbarse pensando en él hasta que se queda profundadamente dormida.
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