miércoles, 13 de junio de 2012

Capítulo 3

   Mientras el gato engulle la lata a gran velocidad, Laura se pregunta qué la ha pasado antes en la calle, por qué todos esos nervios, por qué tanta angustia. Preocupada decide investigar. Enciende el ordenador que se había prometido a sí misma no encender y googlea “Agorafobia” empieza a leer un montón de datos y de páginas, pero ninguna de las descripciones que lee se ajusta a lo que ella siente. Sí, lo ha pasado mal en la calle, pero no en el supermercado, no ha tenido taquicardias, ni sudores. La agorafobia no encaja, eso hace que se relaje. Se pregunta si quizás debería ir al médico, pero en seguida lo descarta.

   Se debate entre abrir el correo y todo su repertorio de redes sociales o dejarlo como está. Cuando está a punto de hacer clic en el icono de Facebook, nota una cosa suave y vibrante en la pierna, mira de reojo y allí está la cosa peluda restregándose contra ella ronroneante. Laura no se lo puede creer, aquel maldito animal siempre la había aborrecido. Desde que Andrés y ella se fueron a vivir juntos años atrás había una enemistad clara. Ella incluso había sugerido en varias ocasiones regalarlo. Con el consiguiente enfado de su novio. Sin embargo ahora, ahí está, Laura lo mira ojiplática, el gato la mira y cuando ve que ella lo mira a él sale corriendo al sofá. Laura no sale de su asombro, desde el sofá el condenado gato vigila y controla cada uno de sus movimientos.

   Decide ponerse a cocinar, al fin y al cabo ahora tiene la nevera llena y las tripas vacías. Verdura parece ser la mejor opción. Con el estómago lleno y la nevera repleta se va al balcón a fumarse el de después de comer. Había cogido la costumbre de fumar fuera para no molestar a Andrés y ahora que él esta lejos y podría hacerlo en casa sin problemas, la sale tan automático, tan natural.

   Lo echaba de menos, aunque una parte de ella ya se había resignado a tenerlo lejos, la frialdad que él había mostrado en las últimas llamadas la martirizaba. Ella aún estaba enamorada de él y sin embargo él parecía estar en otro mundo, en una órbita diferente. Últimamente ni siquiera quería hacer videollamadas con ella y las llamadas se distanciaban en el tiempo.

   Mientras aspira el humo de su cigarrillo piensa en él. No puede evitarlo, una parte de ella aún le necesita. Apaga la colilla en una maceta vacía y vuelve a entrar. Quiere arreglarse ponerse guapa, para ella y para él. Enciende la minicadena, es anticuada, pero a ella le encanta, mientras se va al baño a preparase para lo que a ella le gusta considerar “su cita” escucha de fondo su canción favorita de Marea: Duerme conmigo. La recuerda tanto a él que rompe en llanto. Pero no, no puede permitirse volver a hundirse, quiere que él la vea feliz, sonriente. “Una nueva Laura” se dice para sí.

   Decidida se va al cuarto de baño, el gato la mira de reojo.
- Ésta noche la gatita seré yo - le dice sonriendo, por alguna razón, aquel estúpido animal empezaba a caerla simpático. El felino la observa atentamente desde el marco de la puerta.

   Ya es casi la hora, Laura se mira al espejo y se gusta, parece otra. Guiña un ojo al gato mientras pasa a su lado y se dirige hacia el ordenador, Andrés debe estar a punto de llamar.

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